Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

Mayo del 68: la explosión revolucionaria

Posted by Socialismo Internacional en mayo 30, 2008

Especial: Mayo 68

Guy Van Sinoy / espacioalternativo.org

vivan la ocupaciones de fábricas Hace cuarenta años… una explosión revolucionaria barría Francia. Iba a dejar huellas profundas en toda Europa.

Como en todos los países capitalistas desarrollados, los años 60 constituyeron un período de crecimiento económico y de mutación espectacular del capitalismo francés. Pero Francia tuvo que hacer frente a la descolonización: ya fuera de una forma negociada (Marruecos, Túnez), ya fuera desencadenando guerras coloniales sangrantes en Indochina (1946-1949) y en Argelia (1954-1962).

Esta situación había desencadenado una crisis política de grandes proporciones. El 13 de mayo de 1958, el general de Gaulle se hizo con el poder con el apoyo del ejército y de la burguesía. De esta manera desaparecía la IV República. Una vez en el poder, de Gaulle se dio prisa en promulgar una nueva constitución de cariz bonapartista (elección presidencial con sufragio universal directo, referéndum a iniciativa del presidente, disolución del parlamento siempre que se considerara oportuno), cosa que representó un descalabro importante para los trabajadores.

Desacreditada por su política bajo la IV República, la socialdemocracia se había debilitado y dividido. El Partido Comunista Francés (PCF) -muy estalinista- ejercía un control casi absoluto sobre la clase obrera industrial, mediante su control de hecho del sindicato CGT. Sin embargo, el ascenso de la revolución colonial (Argelia, Cuba), combinado con la puesta en cuestión del modelo estalinista (sobre todo después de la intervención militar rusa en Hungría en 1956), polarizaría una creciente oposición política en el seno de las organizaciones estudiantiles comunistas, todavía más en la medida en que el PCF no había luchado en absoluto contra la guerra en Argelia.

Por otra parte, el fuerte crecimiento capitalista había exigido un cambio de la enseñanza superior. El capitalismo necesitaba un ejército de ingenieros, de investigadores, de especialistas… Las universidades vieron la llegada de una oleada de estudiantes sin que las estructuras fueran adaptadas lo bastante rápido.

El movimiento 22 de marzo

En la facultad de Nanterre, construida a toda prisa al lado de una zona marginal, un núcleo de estudiantes radicales se formó sobre la base de una crítica del papel de la universidad burguesa. Los estudiantes rehusaban convertirse en futuros “perros guardianes del capital” (cuadros, psicólogos…) y decidieron una forma de acción radical: la parálisis de la facultad. Crearon el Movimiento 22 de marzo, compuesto por militantes de extrema izquierda, por anarquistas y por estudiantes radicalizados. Cuando el decano cerró el campus, los estudiantes de Nanterre se desplazaron el viernes 3 de mayo a la Sorbona, en pleno Barrio Latino, para celebrar un mitin.

Aquel día, mientras 600 estudiantes estaban reunidos en el patio de la Sorbona, el rector cerraba la Sorbona y llamaba a la policía, que procedió a practicar centenares de detenciones. ¡Ésta fue la chispa! Espontáneamente, miles de estudiantes se concentraron para protestar contra la irrupción de la policía. Ésta los dispersó violentamente a golpes de porra y de granadas lacrimógenas. Con el fin de protegerse, los estudiantes tiran los primeros adoquines. Hay 600 detenciones y 12 inculpaciones.

El PCF denuncia a los estudiantes: “Estos falsos revolucionarios tienen que ser enérgicamente desenmascarados ya que, objetivamente, sirven a los intereses del poder gaullista y de los grandes monopolios capitalistas”.

El lunes 6 de mayo, mientras la jefatura de policía prohibía cualquier concentración, 20.000 estudiantes se manifestaban. Los topetazos con las CRS (anti-disturbios) son muy duros. Al día siguiente, convocados por la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF), 50.000 estudiantes se manifiestan reivindicando:

-La liberación de todos los estudiantes y la retirada de los cargos.
-La reapertura de la Sorbona.
-La retirada de la policía del Barrio Latino.

El poder hace caso omiso. El 8 de mayo, el PCF retoma los tres puntos de la UNEF a pesar de continuar denunciando a los “izquierdistas”. Los sindicatos CGT y CFDT se declaran en solidaridad con la lucha de los estudiantes. El Sindicato Nacional de la Enseñanza Superior (SNESup) llama a la huelga general.

El viernes 10 de mayo, mientras los institutos se añaden al movimiento y crean los Comités de Acción de los Liceos (los CAL), 50.000 estudiantes se acercan al Barrio Latino para “reconquistarlo”. A lo largo de la noche, levantan unas sesenta barricadas que la policía tomará por asalto dejando centenares de heridos. Muchos habitantes muestran su simpatía hacia los estudiantes. Las repercusiones políticas son considerables: el PCF se ve obligado a condenar la represión, la CGT y la CFDT convocan una huelga de 24 horas para el lunes 13 de mayo.

El 13 de mayo, un millón de manifestantes salen a las calles de París. Por la noche, los estudiantes vuelven al Barrio Latino. El poder ha retrocedido ante la combatividad de los estudiantes. Es una lección que los trabajadores han entendido y que aplicarán inmediatamente.

El 14 de mayo, mientras el Parlamento vota la amnistía de los manifestantes condenados, los obreros de Sud-Aviation (Nantes) se ponen espontáneamente en huelga indefinida, ocupan la fábrica y secuestran al director. Al día siguiente, gracias al impulso de jóvenes obreros, la fábrica Renault de Cléon (Ruán) es ocupada. El Movimiento 22 de marzo hace un llamamiento a crear Comités de Acción Revolucionaria. El 16 de marzo, mientras el movimiento de huelga se extiende espontáneamente como una mancha de aceite, los obreros de Renault Billancourt reivindican:

-Ningún salario inferior a 1.000 francos.
-Retorno inmediato a las 40 horas semanales sin pérdida de salario.
-Jubilación a los 60 años.
-Libertades sindicales.
-Cobro de las horas de huelga.

Un millar de estudiantes se acercan a Renault Billancourt para fraternizar con los obreros. La CGT cierra las puertas de la fábrica para aislar a los estudiantes de los obreros en huelga. El PCF se pone en guardia “contra las consignas aventureras”. El lunes 20 de mayo, la huelga se ha extendido en todo el país. En muchos casos, reanudando la tradición de junio de 1936, los trabajadores ocupan espontáneamente las fábricas, mientras que los sindicatos todavía no han lanzado la consigna de huelga general.

A partir de este momento, se plantea un problema clave: las organizaciones marxistas-revolucionarias -unos centenares de miembros- están en primera línea de la lucha estudiantil, pero tienen poca implantación entre la clase obrera. ¿Cómo crear el vínculo entre los estudiantes y los obreros en huelga si el PCF y la CGT se oponen? Con pocas excepciones, este problema no se podrá resolver y será una de las causas del fracaso de mayo del 68.

Sin embargo, las iniciativas de los trabajadores desbordan a menudo las consignas de los aparatos sindicales. Así, los trabajadores de la televisión (ORTF) practican la huelga activa retransmitiendo íntegramente y en directo los debates de la Asamblea Nacional. La huelga se extiende a los grandes hoteles de París. Las gasolineras cierran las puertas. La huelga se extiende a todas las capas de la sociedad: ¡incluso los futbolistas ocupan la Federación Francesa de Fútbol!

El PCF y la CGT canalizan el movimiento

Desde el momento en que una huelga se convierte en general, se convierte en política y plantea la cuestión del poder. El 22 de mayo, el PCF declara: “El poder gaullista ha agotado su tiempo, ya no responde a las exigencias del momento. Es preciso que se marche y que se dé la palabra al pueblo”. Pero el PCF y la CGT no se preocupan de hacer nada para extender la huelga. Su táctica consiste en mantener la presión intentando conservar el control de la lucha.

El 24 de mayo, la CGT hace un llamamiento a manifestarse en París, pero con un cortejo claramente diferenciado del de los estudiantes. El séquito de la CGT reúne a 150.000 manifestantes. El de los estudiantes, a los cuales se añaden jóvenes obreros, reúne a 50.000 personas y acaba con diversos enfrentamientos en las calles por todo París. La bolsa es incendiada.

El mismo día, de Gaulle pronuncia un discurso difundido por la radio (¡la tele hace huelga!) en el cual propone un referéndum sobre la participación y promete abandonar el poder si gana por mayoría el No. Es una maniobra para desviar la lucha hacia las urnas, pero el movimiento todavía es demasiado impetuoso para poder detenerlo. De Gaulle tiene que batirse en retirada provisionalmente.

Por su parte, sindicatos y patronal negocian en el local del ministerio un acuerdo que permita la vuelta al trabajo. El 27 de mayo, Georges Séguy, secretario general de la CGT, presenta el proyecto de acuerdo a los 23.000 obreros de Renault Billancourt:

- Salario mínimo aumentado de 2,20 a 3 francos la hora.
– Aumento general de los salarios del sector privado de un 7% el uno de enero de 1968 hasta el 3% el uno de octubre.
– Pago de los días de huelga al 50%, pero recuperable.
– Reducción del 30 al 25% de la aportación del salario a la Seguridad Social.

Los obreros rehúsan el acuerdo y Séguy desmiente haberlo firmado. 10 millones de trabajadores empiezan su segunda semana de huelga.

Aquella misma noche, convocados por la UNEF, los sindicatos CFDT y FO, y el Partido Socialista Unificado, 50.000 estudiantes se manifiestan en el estadio Charléty en presencia de dirigentes socialdemócratas (Mendès-France) que intentan apoyarse en el movimiento estudiantil para negociar con el PCF un acuerdo de participación gubernamental. El Movimiento 22 de marzo, que no es favorable a esta iniciativa, propone la propaganda en los barrios.

Al día siguiente, el 28 de mayo, Mitterrand anuncia que es candidato a la presidencia de la República y sugiere que Mendès-France forme inmediatamente un gobierno provisional. El ministro de Educación Nacional dimite. El poder ya calla. Nadie sabe nada de de Gaulle.

El 29 de mayo, convocados por el PCF y la CGT, 500.000 trabajadores se manifiestan en París gritando: “¡De Gaulle, dimisión! ¡Gobierno popular!”

El poder gaullista se recupera

Golpe teatral: el 30 de mayo, de Gaulle reaparece y pronuncia un estrepitoso discurso televisado. Disuelve en el acto la Asamblea Nacional, anuncia elecciones y llama a sus partidarios a formar Comités de Defensa de la República (CDR) y a salir inmediatamente a la calle. En las horas siguientes más de 600.000 gaullistas desfilan por las calles de París.

De Gaulle se había desplazado a Alemania con el fin de garantizar el apoyo del general Massu si hubiera habido que recurrir al ejército para restablecer el orden. A cambio, Massu pedirá la liberación del general Salan, condenado a cadena perpetua por haber dirigido la organización fascista OAS. Para poder celebrar elecciones (y no asustar a los electores de las clases medias), hacía falta detener la huelga y volver a la “normalidad”: éste fue el razonamiento de los partidos reformistas y de las direcciones sindicales. Las negociaciones se reanudaron en los diferentes sectores, y, el primero de junio, las PTT (correos y telecomunicaciones) reanudaban el trabajo.

Pero el movimiento todavía era potente: 40.000 jóvenes se manifestaban en París gritando: ¡”No es más que el principio, continuamos el combate”!.

El movimiento huelguista entraba en reflujo, faltado como estaba de perspectivas políticas que no fueran las elecciones. La dirección de la ORTF llama al ejército y técnicos privados para volver a hacer funcionar la radio y la televisión. El PCF y la CGT recomiendan volver al trabajo, cosa que se hace el 5 de junio en la SNCF (ferrocarriles), en la RATP (transportes metropolitanos de la región parisina), en los bancos y en las minas.

L’Humanité, el diario del PCF, escribe: “Mientras numerosos acuerdos son sometidos a la aprobación de los trabajadores, gobierno y patronal prolongan la huelga en sectores importantes”. A pesar de la cobardía de sus direcciones sindicales, la huelga continúa en muchos lugares, en particular en la metalurgia. Los maestros, furiosos de que su sindicato ordenara la reanudación del trabajo, ocupan la sede.

En Renault Flins, las CRS ocupan la fábrica y se enfrentan a obreros y estudiantes. Las CRS ahogan en el Sena a un bachiller maoista, Gilles Tautin. El 11 de junio, las CRS se enfrentan a los obreros de Peugeot en Sochaux. Mueren dos obreros, uno por herida de bala. Por la noche, a pesar de la prohibición de manifestarse, 20.000 jóvenes se enfrentan con las fuerzas del orden por las calles de París.

Al día siguiente, L’Humanité escribe: “Conscientes de nuestras responsabilidades ante la clase obrera, hemos denunciado y combatido la demagogia y las provocaciones de los izquierdistas que se reclaman del maoísmo, del anarquismo o del trotskismo. Sin embargo, estos grupos siguen agitando. Entre ellos, hay aventureros, personajes oscuros, renegados”.

El poder había escuchado al PCF y la CGT: el 13 de junio, todas las organizaciones revolucionarias son disueltas y algunos de sus dirigentes son detenidos. Cualquier manifestación en la calle está prohibida. Ningún partido de izquierdas o sindicato protesta. Aquel mismo día, ¡Salan es liberado! Sin embargo, en aquel momento hay todavía un millón de huelguistas, sobre todo en la metalurgia.

Las elecciones legislativas del 30 de junio dan 358 escaños a la derecha sobre un total de 485. La Federación de la Izquierda Demócrata y Socialista (Mitterrand) pierde 61 de sus 121 escaños, el PCF pasa de 73 a 34 representantes y el PSU pierde 3, incluido el de Mendès-France. Al restablecer el orden, los reformistas habían preparado su propio descalabro electoral.

Las lecciones de mayo del 68

1. La revolución socialista es posible en un país capitalista desarrollado. Mientras los sociólogos burgueses se dedicaban a predecir la desaparición de la lucha de clases, centenares de miles de jóvenes y de trabajadores se lanzaron a la lucha para derrocar a la sociedad capitalista. Mayo del 68 inspiraría a los estudiantes de otros países y a la clase obrera italiana en 1969.

2. En una situación revolucionaria como ésta, los jóvenes y los trabajadores juegan un papel de primer orden y entroncan espontáneamente con las tradiciones de lucha de clases del pasado. En Mayo del 68, las barricadas de los estudiantes se inspiraban en la Revolución de 1848 y los trabajadores ocupaban las fábricas como durante la huelga general de 1936.

3. Para los trabajadores y la juventud, la creación de estructuras de autoorganización (comités de huelga, coordinadoras) es vital. Durante mayo del 68, estas estructuras sólo existieron de una forma limitada. A lo largo de la semana del 24 al 30 de mayo de 1968, habría sido posible generalizar los comités de huelga y federarlos en una red que reuniera todo el país. Una pirámide tal de comités de huelga que empezara a ejercer ciertas prerrogativas del poder (organización de la huelga, control de los medios de comunicación, de aprovisionamiento, de las centrales eléctricas, etc.) habría constituido un poder alternativo al poder oficial, sobre todo en la medida en que hubo un vacío de poder durante algunos días.

4. Con el fin de defender su poder, la burguesía lanzó a las fuerzas represivas contra los estudiantes y los trabajadores (miles de heridos, diversos muertos) y contempló la intervención del ejército. Eso plantea el problema de organizar la autodefensa de las manifestaciones y de los piquetes de huelga, y la creación de milicias obreras.

5. Los partidos y sindicatos tradicionales no se mantuvieron pasivos. Después de haber denigrado la lucha de los estudiantes, ya que escapaba a su control, el PCF y la CGT tuvieron que llamar a la huelga como protesta ante la violencia policial. Una vez estalló la huelga general, el PCF y la CGT hicieron todo lo que pudieron para controlarla (manifestaciones separadas, negociaciones con la patronal, llamamientos a volver al trabajo) y orientar la crisis hacia una salida electoral.

6. La burguesía tampoco se quedó de brazos cruzados. A finales del mes de mayo, ante el vacío de poder, se preparó para dar apoyo a François Mitterrand para cerrar el paso al PCF. Desde el momento en que parecía que a de Gaulle le sentaba mal la iniciativa la burguesía abandonó a Mitterrand para volver a dar apoyo a aquél. Ante las maniobras políticas de la burguesía, de los partidos reformistas y de las direcciones sindicales, los trabajadores y la juventud tienen que tener su propio partido: un Estado Mayor bien implantado entre las masas obreras y estudiantiles, al mismo tiempo capaz de extraer lecciones del pasado y de tomar iniciativas que favorezcan la autoorganización de los trabajadores planteando, de esta forma, la cuestión del poder.

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2 comentarios to “Mayo del 68: la explosión revolucionaria”

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