EE.UU. apoya la fraudulenta elección en Honduras
Publicado por Socialismo Internacional en diciembre 12, 2009
A pesar de la represión y la gigantesca abstención, la administración Obama ha reconocido los resultados de unas elecciones impulsadas y controladas por el régimen golpista de Micheletti. Nicole Colson informa sobre la represión y la resistencia que rodea las elecciones presidenciales fraudulentas en Honduras.
El régimen golpista en Honduras logró lo que quería–la bendición de Estados Unidos para una elección fraudulenta que tuvo el objetivo de instalar como presidente a Porfirio “Pepe” Lobo, un rico hacendado y miembro del conservador Partido Nacional.
Los funcionarios electorales de Honduras declararon que Lobo ganó las elecciones presidenciales por un margen de 16 puntos porcentuales. Pero las elecciones, orquestadas por la dictadura militar que derrocó al Presidente democráticamente electo Manuel Zelaya a finales de junio, estaban lejos de ser libres y democráticas. Para muchos hondureños, la votación no fue más que un intento de encubrir un golpe de Estado.
Mientras los partidarios de Lobo celebran, Zelaya sigue siendo un prisionero virtual en la embajada de Brasil, fuertemente custodiado por la policía de Honduras y los soldados. Luego de la votación, el depuesto presidente denunció los resultados como ilegítimos y dijo que no aceptará un acuerdo auspiciado por Estados Unidos que, posiblemente, lo habría reinstalado como presidente durante los dos meses restantes de su periodo.
“La restitución no puede ser aceptada bajo la condición de legalizar el fraude electoral”, dijo Zelaya a Radio Globo, al tiempo que se comprometió a seguir “arriesgando todo para que las transformaciones en Honduras no se detengan.”
Cualquiera que sea el margen real de la victoria de Lobo, su triunfo no tendrá legitimidad. Más bien, su victoria es una victoria para un pequeño grupo de familias adineradas que ejercen un enorme poder en un país donde casi dos tercios de la población vive por debajo del umbral de pobreza. “Somos dirigidos por una oligarquía, así es como [esto sucedió]”, dijo al Guardian de Gran Bretaña el activista Miguel Alonzo después de las elecciones. “Ellos controlan la economía, y ellos controlan la política.”
Aunque las autoridades electorales afirman que el número de votantes fue del 60 por ciento, Zelaya había alentado a sus partidarios a boicotear las elecciones –y se afirma que se inflan los resultados oficiales.
El Frente Nacional de Resistencia Contra el Golpe de Estado dijo en una conferencia de prensa el día de las elecciones que el índice de abstención se elevo al 65 por ciento, y que la baja participación forzó al Tribunal Supremo Electoral del país a extender el voto por una hora en un intento por obtener más votos.
Gilberto Ríos, líder del grupo político Los Necios, con base en los campus universitarios, informó a los activistas de Brasil:
Nunca en Honduras la abstención ha sido tan grande. Fue más del 70 por ciento, y a eso añádale 2 por ciento de votos nulos y 3 por ciento de los votos en blanco. Este resultado es más notable debido a la coacción sistemática por el gobierno y el ejército para que la gente votara… Hay barrios donde el ejército se dirigió directamente, junto con los dirigentes liberales y conservadores, a las casas a buscar a los aldeanos para que fueran a votar – y el sábado [el día antes de las elecciones], hubo decenas de detenidos.
El día después de las elecciones, la resistencia organizó una gran caravana en la ciudad capital de Tegucigalpa, en el que la gente mostró orgullosa que en sus dedos índice no habían sido pintados con la tinta de las urnas. “Lobo es el presidente más minoritario en la historia de Honduras”, agregó Ríos. “En las condiciones de coerción que hemos mencionado, no es apoyado por una de cada 10 personas en Honduras, y de ninguna manera representa a la gente de nuestro país.”
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Las fuerzas pro-Zelaya enfrentaron una intensa represión en los días y semanas previas a la votación. El día antes de la elección, según el Guardian, COMAL, una organización de ayuda agrícola a cargo de Miguel Alonso, que apoyó la petición de boicot de Zelaya, fue allanada por la policía y los soldados enmascarados, que irrumpieron en la oficina del grupo y se llevaron computadoras, dinero en efectivo y documentos con el pretexto de que buscaban armas.
El mismo día, los soldados habrían disparado a un hombre en la cabeza en un puesto de control en Tegucigalpa. En todo el país, otros fueron detenidos, y algunos acusados de terrorismo, en virtud de un decreto que prohibió reuniones de más de cuatro personas.
El mismo día de las elecciones, cientos de manifestantes en favor de Zelaya que marcharon pacíficamente en San Pedro Sula, fueron bombardeados por la policía con gases lacrimógenos y cañones de agua—decenas fueron heridos o detenidos.
Como explicó a In These Times antes de la votación el dirigente sindical Carlos Reyes, uno de los varios candidatos presidenciales que se retiraron de las elecciones antes de que se llevara a cabo: “Estamos viviendo bajo una dictadura militar. No hay precedente histórico de éxito de las elecciones en virtud de un gobierno como este.”
“Va a ser difícil para los EE.UU. conducir a los países de América Latina bajo su línea, incluso a los aliados tradicionales,” escribió recientemente en SocialistWorker.org Shaun Joseph. “No sólo está la opinión latinoamericana popular opuesta firmemente al golpe de Honduras, sino que una parte de la élite de la región también entiende el derrocamiento de Zelaya como un ataque a los intentos de establecer vínculos capitalistas independientes del imperialismo de EE.UU.”
En una entrevista telefónica con The Associated Press, Zelaya dijo que los EE.UU. habían cometido “un error” al reconocer los resultados de la elección. “Si son democráticos en su país, deben ser democráticos en América Latina.”
*Este artículo fue publicado originalmente en el periódico en línea SocialistWorker.org. Traducido para Socialismo Internacional por Carmen Delgado.
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