Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

Los riesgos de la ruleta nuclear

Posted by Socialismo Internacional en mayo 12, 2011

LA DESESPERADA emergencia radioactiva dejada por el terremoto del 11 de marzo en Japón empeora día a día y es ahora el peor desastre nuclear en tres décadas. Al menos uno de los reactores de la planta Fukushima Daiichi se encuentra a punto de una completa fusión. Si así ocurriera, uranio fundido atravesaría los vasos de contención, dejando escapar una catastrófica radiación sobre el área aledaña.

“Estamos al borde”, dijo el especialista nuclear Hiroaki Koide al New York Times. “Ahora nos enfrentamos al peor de los casos. Podemos suponer que la vasija de contención en el reactor dos ya sido comprometida, y si hay un derritiendo extremo en su interior, grandes cantidades de radiación definitivamente serán liberadas.”

Al cierre de esta edición (de Obrero Socialista), abundan las noticias acerca de la presencia de radiación en el agua, la leche y otros productos agrícolas japoneses. Por lo que a pesar de que los medios de comunicación aseguran que “las cosas están volviendo a lo normal,” hay muchas razones para dudar.

AUTOR DE Ecología y Socialismo CHRIS WILLIAMS nos explica los peligros de la energía nuclear y aboga por alternativas.

Increíblemente, incluso en medio de la crisis, la industria energética nuclear y sus cabilderos políticos se apegan a su historia de que la energía nuclear es una alternativa limpia y segura a los combustibles fósiles. Por ejemplo, Kevin Book, analista de ClearView Energy Partners, comentó que “[e]l problema aquí no es estructural con la contención. Lo que realmente falló aquí fue el dique” (ante el maremoto desatado por el sismo). Jack Spencer, un investigador en la Fundación Heritage, insistió, “Esto no ha hecho nada por demostrar que no debemos construir plantas nucleares.”

En otras palabras, no te preocupes, tal vez hubo unos descuidos aquí y allá, pero vamos a hacerlo bien la próxima vez. El problema de los desastres nucleares es, por supuesto, que mientras la industria perfecciona su técnica de seguridad nuclear –por 60 años y contando– una gran cantidad de personas pueden morir por la irradiación de grandes extensiones de tierra, mar y aire, con enormes e irreversibles consecuencias a largo plazo.

Como es habitual con la industria nuclear –y lo ha sido desde que se nos dijo que la electricidad producida por energía nuclear sería “demasiado barata para medirla”– no todo es como parece. De hecho, la agencia de control nuclear del gobierno japonés había sido advertida de que un tsunami podría causar exactamente el tipo de falla sucedió. Pero al igual que otros organismos nucleares del mundo, éste también tiene una historia de mentiras y encubrimientos.

En 2007, Katsuhiko Ishibashi, sismólogo y profesor de seguridad urbana en la Universidad de Kobe, advirtió que las plantas construidas a lo largo de la costa y cerca a la falla sísmica tienen una “vulnerabilidad fundamental” debido a “fatales defectos” en su construcción.

Contrario a la esperanzadora perspectiva de las agencias energéticas que supervisan los reactores japoneses, el New York Times citó a un alto ejecutivo de la industria nuclear diciendo: “Ellos están básicamente en un pánico a gran escala…Están en total desorden, no saben qué hacer. “

En un país indeleblemente marcado por la destrucción nuclear de Hiroshima y Nagasaki, una sensación de temor y miedo es omnipresente, mientras ingenieros y trabajadores nucleares luchan por no la perder el total control de la planta de Fukushima Daiichi. Las autoridades han ordenado la evacuación que casi 300.000 personas.

Japón es el país más preparado para los desastres en el mundo. Tiene enormes barreras rompeolas de concreto a lo largo del 40 por ciento de su litoral, que se alzan sobre el mar hasta por 30 pies. Pero estas defensas fueron desbordadas por completo por el tsunami.

A medida que se adentró a tierra, el tsunami inundó el primer sistema de respaldo energético para los reactores. Los generadores de emergencia, diseñados para encenderse durante falla de la red eléctrica y así mantener el núcleo de los reactores dentro de los límites de temperatura tolerable, fueron inundados también.

Según informes, los edificios que almacenan los generadores fueron puestos en tierras bajas, porque nadie pensó que un tsunami podría llegar a ellos.

- – - – - – - – - – - – - – - -

SI HAY una completa crisis y el núcleo de algún reactor se ve comprometido, o no –y ciertamente esperamos que no–, la catástrofe en Japón hace hincapié en el argumento que activistas anti-nucleares y socialistas han hecho desde que energía nuclear comenzó a ser utilizada: No hay tal cosa como una planta nuclear segura.

Para cada plan de contingencia, siempre habrá algo inesperado que supere las mejores preparaciones. Y cuando los planes se centran en la prevención del escape de algo tan intrínsecamente tóxico como la radiación nuclear, la única respuesta racional es evitar el problema en primer lugar.

El desastre nuclear en Fukushima –que agravó exponencialmente la catástrofe causada por el terremoto y el tsunami– tiene implicaciones para todo el mundo. Muchas plantas en Estados Unidos son de un diseño similar a la de Fukushima –construida por General Electric, de hecho.

Una simple pregunta debe hacerse: ¿Qué tipo de sistema ve la construcción de plantas nucleares sobre fallas sísmicas como una alternativa razonable, en vez de basarse en las fuentes de energía renovable, tales como las turbinas eólicas y paneles solares?

Un movimiento antinuclear revitalizado –decidido a detener la propagación de esta forma de energía derrochadora, poca rentable y peligrosa– ahora tiene que responder.

Ésta es una prioridad. Muchos grupos ambientales han sucumbido a los argumentos de la industria, mientras nuevos reactores nucleares son planeados o reautorizados en todo el mundo, en respuesta al cambio climático y a su intento de disfrazarse como una alternativa ambientalmente benigna, segura y “verde”.

En Alemania, la crisis japonesa ya ha provocado una respuesta. Alrededor de 50.000 personas protestaron contra la idea de la canciller Angela Merkel de prolongar la vida de las viejas centrales nucleares por 12 años más. Ella fue obligada a poner esos planes en espera.

La opinión pública en EE.UU. se mantiene sólidamente antinuclear. Una reciente encuesta publicada en el Wall Street Journal mostró que tres cuartas partes de los estadounidenses apoyan la eliminación de créditos fiscales para las empresas de petróleo y gas para reducir el déficit federal, y 57 por ciento consideró “totalmente” o “casi totalmente” aceptable “una reducción significativa” a las subvenciones dadas a las nuevas plantas de energía nuclear. Esto contradice directamente la propuesta del presidente Barack Obama de nuevas garantías de préstamo a la industria nuclear por valor de más de $ 50 mil millones.

En cambio, las dos opciones principales para recaudar fondos, por una abrumadora mayoría, fueron de la eliminación por el Congreso de las subvenciones especiales (“earmarks,” por su nombre en inglés) y la imposición de un impuesto sobre los millonarios. Ninguno de estas opciones son apoyadas por demócratas o republicanos.

Todo depende de nosotros para salir y organizarnos una vez más en torno a la demanda: ¡No a la energía nuclear!

Traducido por Lance Selfa

About these ads

Lo siento, el formulario de comentarios está cerrado en este momento.

 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 47 seguidores

%d personas les gusta esto: