Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

Discrimen y desigualdad: El caso de Francheska Soto

Posted by Socialismo Internacional en junio 21, 2011

Francheska Soto (en el centro) junto con su abogado Marcos Rivera.

¿Quién es Francheska Soto? ¿Por qué esta joven de 19 años ha llenado las primeras planas de los noticieros en la isla? Pocos conocen quién es ella verdaderamente, cuáles son sus sueños, cuáles son sus pasatiempos o su historia. Sin embargo, la prensa y el estado se han encargado de que todo Puerto Rico sepa su nombre y que sobre ella caiga un juicio moral y criminal. Éste está acompañado de un juicio social que predomina en las conversaciones en la calle “Francheska: una mala madre”.

En el periódico El Vocero se realizó un sondeo cuya pregunta leía así: ¿Debe otorgársele la custodia de sus hijos a Francheska Soto Medina aunque sea declarada no competente para enfrentar juicio por maltrato contra su bebé?  Y como era de esperarse más del 60% de los encuestados votaron que no debería otorgarse la custodia.

Alma Torres analiza el trato desigual en el caso de esta joven de 19 años cuyo único crimen ha sido ser una mujer negra y pobre en Puerto Rico.

Francheska fue acusada por maltrato y negligencia luego de que una vecina que cuidaba su hija de 1 año se percatara de que ésta tenía una infección en su área genital. Rápidamente el caso se procesó como uno de abuso sexual y se encarceló a Francheska sin pasar por un debido proceso de ley llevando un juicio en contra de la joven madre mientras ella estaba en la cárcel en estado de embarazo. Francheska fue expuesta hasta el linchamiento y la violencia usual que se da en las cárceles contra personas que son acusadas de maltrato infantil. Pero nada de esto pareció importar y aún con evidencias de que en efecto la bebe no había sido violada se mantuvo presa a Francheska y para salir se le impuso una fianza de $100,000 dólares. Fianza que se pudo bajar luego de que el abogado de Francheska interviniera.

Francheska salió libre bajo fianza pero con un grillete y con la determinación de que no podría salir de su casa excepto para ir a citas médicas y reuniones con su abogado. El 19 de junio nació prematuro el tercer bebe de Francheska, días después se seguía especulando sobre quién pasaría a tener la custodia de su hijo. Lo prematuro de la cesárea probablemente se debe al estrés al cual ha sido expuesta la madre.

El caso de Francheska deja ver como vivimos en un sistema de desigualdad y discrimen en donde ser pobre, negro y mujer es un delito. La misma semana en que a Francheska se le acusó de negligencia y maltrato un abogado llamado Rafael Doitteau, de 59 años, fue acusado de haber abusado durante 6 años al ahijado de su compañera. Pero este hombre blanco de clase media alta no salió en las primeras planas de los periódicos del país, tampoco resuena su nombre por todas partes como ha pasado con Francheska. Y probablemente sólo un puñado de personas se ha cuestionado porqué la fianza impuesta para este abogado fue de $13,000 dólares que es proporcionalmente menor en comparación con la de $100,000 dólares que inicialmente se le impuso a Francheska. Tampoco se han hecho sondeos sobre su capacidad de ser padre y tampoco anda con un grillete en su pierna.

Nos volvemos a preguntar. ¿Quién es Francheska Soto? ¿Por qué esta joven de 19 años ha llenado las primeras planas de los noticieros en la isla? La respuesta es sencilla. Francheska no es abogada, Francheska no es Ana Cacho, mujer blanca adinerada y Francheska no vive en la familia nuclear que tanto se promociona dentro de los valores de campaña de Luis Fortuño y su esposa Luce Vela.

El mismo sistema económico que hoy enjuicia a Francheska mediante sus aparatos estatales, los medios de comunicación, sus tribunales y sus cárceles, es el mismo sistema que la abandona y crea sus condiciones de pobreza y opresión.

El capitalismo, sistema económico que privilegia a un grupo minoritario que controla las riquezas, se basa en la privatización para poder sobrevivir. El sistema privatiza todo, la educación, la salud, los servicios que deberían ser públicos etc. De igual forma privatiza el cuerpo de la mujer. Las mujeres somos una mercancía que produce mano de obra. Al ser la mujer la que tiene el hijo se cree que biológicamente y socialmente es su deber encargarse de todos los aspectos de su crianza, entiéndase el alimentar, el bañar y cuidar, el educar etc. Aunque a veces esta carga también cae sobre el hombre, son las mujeres las que en su mayoría tienen la carga con mayor peso y sobre todo es sobre ellas que cae el juicio social de lo que le suceda a ese ser humano que se integra a la sociedad.

Es así que hoy llegamos a donde estamos. Si bien es cierto que todas las mujeres son oprimidas por ser mujer, esta opresión se agrava cuando es una mujer pobre y negra como es el caso de Francheska. Es fácil para Luce Vela lanzar una campaña masiva por la adopción como alternativa ante el aborto. Pero para la mujer pobre y trabajadora el aborto es muchas veces la opción más viable ante la pobre educación sexual que existe en el país y ante la crisis económica y social que vivimos.

El caso de Francheska es sólo un ejemplo de muchos casos de discrimen y desigualdad en Puerto Rico. Si analizamos también el trato dado al asesinato de un banquero de Doral Bank, que fue asesinado en junio, en comparación a dos transexuales que fueron asesinados una semana antes, veremos también cómo la vida de un banquero adinerado vale más que la de sectores marginados y oprimidos como lo son aquellos que pertenecen a la comunidad LGBT. En el caso del banquero el FBI, la prensa y la policía estatal movilizaron cielo y tierra para buscar a los asesinos detrás del crimen, tanto así que en rueda de prensa anunciaron una recompensa de $50,000 dólares para todo aquel que tuviera información que ayudara a esclarecer el asesinato del millonario hombre. Hoy hay pasos adelante a esclarecer este caso pero no podemos decir lo mismo de los casos criminales contra la comunidad LGBT.

No es suficiente con analizar la desigualdad y el discrimen que vivimos. Decía Carlos Marx hace más de un siglo “los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”. Sin duda alguna esta es la gran tarea. Si queremos vivir en una sociedad donde la mujer pueda ser lo que quiera ser y no limitarse a ser madre y esposa tenemos que dar pasos por cambiar esta realidad y luchar por una sociedad distinta que permita el desarrollo humano verdadero.

Los trabajadores, los pobres y los oprimidos tienen que identificar sus intereses en común y salir a luchar contra el sistema económico que necesita mantenerlos oprimidos. La lucha por la liberación de los sectores oprimidos como es el caso de la mujer, no será posible sin la máxima unión de todos estos sectores. Las ideas sexistas, homofobicas, racistas y clasistas que hoy imponen la desigualdad en todos estos casos son el producto de una sociedad dividida en clases sociales, una clase rica que tiene el poder económico y político que necesita que la clase trabajadora se mantenga oprimida y dividida. Nuestra fuerza como clase está en identificar aquello que nos une y luchar contra aquello que nos divide. Hoy más que nunca hacen falta llamados de unidad por parte de la clase trabajadora, pero estos no pueden ser llamados abstractos, tienen que ser llamados concretos a defender esa unidad en la acción.

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