Occupy PR: La indignación le abre paso a la organización
Publicado por Socialismo Internacional en octubre 8, 2011
Una nueva plataforma para darle forma organizativa a la rabia e indignación de la población del país se abrió paso esta semana. Es la versión local del movimiento Occupy u Ocupar, el fenómeno político que azota todo Estados Unidos. No se trata de algo exclusivamente “americano” sino más bien de la entrada en terreno estadounidense del efecto ‘revoluciones árabes’ que se riega por el mundo.
Al igual que el Paro Indefinido de los trabajadores de la AMA en el área metropolitana y la marcha del 16 de octubre de la Federación de Maestros contra la privatización de las escuelas, lo de Ocupar apunta a las posibilidades de este periodo político y a las tareas de los activistas, que como los socialistas, queremos vivir en un mundo mejor.
Giovanni Roberto nos cuenta lo que pasó en la primera reunión de Occupy Puerto Rico.
Una nueva plataforma para darle forma organizativa a la rabia e indignación de la población del país se abrió paso esta semana. Hablo de la versión local del movimiento Occupy u Ocupar, el fenómeno político que azota todo Estados Unidos. No se trata de algo exclusivamente “americano” sino más bien de la entrada en terreno estadounidense del efecto ‘revoluciones árabes.’
Podría hablar, para contar la historia completa, del efecto global de las movilizaciones actuales (y desde algunos años) impulsadas, muchas de ellas, por los sectores más jóvenes de las clases populares. Ésta ha tomado—en diferentes maneras, corrientes ideológicas y niveles de radicalidad—la forma de la ocupación o toma de plazas, barrios y centros de trabajo y estudio. En algunos países, como Túnez y Egipto, esas ocupaciones han cambiado el panorama político completo, desasiéndose de dictadores y abriendo un periodo de revoluciones políticas en una parte del mundo árabe.
La expresión local del fenómeno global
Los detonantes internacionales son los mismos que impulsaron las huelgas estudiantiles de 2010 y 2011 en la UPR al mismo tiempo que explicaron el movimiento de solidaridad masivo que se extendió por toda la isla, sobretodo en la primera huelga: una crisis de magnitudes históricas que no progresa, el fracaso evidente del modelo económico y de estado, la certeza general de que nada mejorará, un alto sentido de indignación y las ganas de hacer algo al respecto. Nuestra huelga estudiantil reciente debe enmarcarse en las resistencias globales como una expresión local de este rasgo de la coyuntura internacional.
Por eso me pareció importante y decidí ir el jueves 6 de octubre a la Plaza de Río Piedras a ver de qué se trataba eso de Occupy Puerto Rico. La convocatoria, nacida en las redes sociales y alimentada por los recientes arrestos masivos en EEUU, tuvo buena acogida desde un inicio.
Las personas que se presentaron a la asamblea provienen de muy diversos contextos y experiencias. Es el rostro de la gente que se afecta por las decisiones diarias de los dueños de los bancos y administradores de gobierno. Es también la historia de los ricos y pobres o en términos clásicos, la historia de la lucha de clases entre trabajadores y burgueses, sin que por ello lo limitemos a las luchas en los centro de trabajo.
“Soy parte del 99% que se ve afectada por el 1%”
Me sorprendió desde un inicio el hambre de hablar, la necesidad de contarle a tod@s por qué se estaba allí.
“Estoy aquí porque creo que necesitamos crear conciencia de lo que está pasando. Vi este grupo como una forma de salir de la impotencia que uno siente cuando ve que las cosas van tan mal”, aseguró Mikael Rosa, un joven de 18 años y estudiante de primer año de Ciencias Políticas en el Recinto de Río Piedras de la UPR. Rosa explicó en qué fundamenta su filosofía de acción: “creo que nuestra vida cobra sentido cuando tocamos la vida de otros. Si todos los que estamos aquí, de nosotros, toca la vida de otra personas, este movimiento va a ser exitoso”. “Estoy dispuesto a hacer lo que haga falta, lo que sea, quiero cooperar con la causa”, terminó diciendo al responder cómo podía aportar al movimiento.
Como Rosa, Pedro Torres, de 36 años, está “indignado con lo que pasa en el país” y asegura que lleva “esperando muchos años por un movimiento así, como este, y cuando lo vi pasar me dije que tenía que estar, que tenía que ser parte”. Torres fue militar del ejército estadounidense durante 17 años además de haber sido maestro y quiso hacerle una observación a los presentes: “Solo un señalamiento, debemos hacer menos reuniones y menos discusiones y ocupar, el movimiento va a crecer.”
Torres vino acompañado por su esposa, Alexandra, de 35 años, quien dijo al introducirse que ella era “parte del 99% que se ve afectada por el 1%”, repitiendo una de las ideas centrales del movimiento en EEUU. Ambos se ofrecieron a trabajar para construir un movimiento en la isla.
Asistieron a la reunión otr@s a quienes los empujaba la falta de esperanza en el futuro. Un hombre de 38 años cuyo nombre no alcancé a escuchar planteó su situación al presentarse: “Quiero hacer una familiar pero, ¿cómo yo podría tener un hijo en esta situación? ¿Cómo le explico que cuando crezca no va tener trabajo, que no va a tener futuro?”
Algo similar dijo Luis Burgos, de 39 años, quien tiene un hijo de 1 año. “Cuando uno tiene un hijo todo se ve diferente. Pero todo va mal y se dice que tengo que esperar al 2012. Yo digo que hay que levantarse para resolver los problemas ahora y no esperar a las elecciones.” Luego se preguntó: “y después del 2012 qué va a pasar”, mientras los presentes vociferaron “nada” o “podría ponerse peor.” Los que llegaron el jueves a la asamblea de Ocupar entienden que nuestros sueños no caben en las urnas de los partidos de los ricos y el gobierno.
Frente a esos argumentos hubo personas que aseguraron que el movimiento, para ser exitoso, no podía “ser político.” Orlando, un joven de 20 años y miembro del Colectivo Indignación, debatió el uso del término política. “Esto que estamos haciendo aquí es política. Lo que pasa es que no debemos confundirlo con la politiquería. Todo lo que nos afecta es político.”
Orlando quiso explicar cómo ve la situación al afirmar “que estamos viviendo una coyuntura histórica a nivel mundial en la que algo quiere nacer y algo quiere morir” refiriéndose a la sociedad capitalista del lucro y la ganancia que perece frente a las otras relaciones que se producen en las movilizaciones.
Tatiana, una joven madre de 25 años, fue con su hija y su esposo. Habló con esperanza: “espero que podamos hacer un movimiento grande y podamos echar esto pa’lante.” Su hija de 7 años, Adriana, se mostró animada todo el tiempo e intentó hablar pero sólo alcanzó a decir que estaba dispuesta a ocupar.
Otr@s no se enteraron hasta último momento, pero decidieron hacer arreglos e ir a la asamblea. Este fue el caso de Cristal, una recién graduada de la UPR que ve su rutina consumida por la jornada laboral. “No me había enterado de esta iniciativa porque estoy entrando en ese mundo del 8 a 5 en el que uno sale cansá y no quiere saber de nada. Creo que precisamente ese es uno de nuestros males sociales.”
Alude Cristal a la enajenación que produce el trabajo o a ese proceso poderoso de ocupar nuestro tiempo cada vez más en la sobrevivencia.
La asamblea siguió por algún tiempo, lográndose acordar que el 15 de octubre se realizará una actividad de ocupación, pero cuyos detalles serán acordados por otras vías. Quedó en debate si debía ocuparse alguna parte de la Milla de Oro (el sector bancario del área metropolitana) o las Oficinas en Santurce de la Autoridad de Energía Eléctrica.
Un amigo me señaló algo importante frente a ese debate. “Lo más grande de todo, no sé si la gente se ha dado cuenta, es que al estar haciendo esta asamblea aquí ya estamos haciendo desobediencia civil. Esta ha sido nuestra primera ocupación aunque haya pasado inadvertida.”
Protestar para organizar y organizar para cambiar las cosas
Esta asamblea de Ocupar Puerto Rico, como la que se dio en el verano y el Colectivo Indignación, son señales importantes del descontento generalizado en el país. Después de todo, quién no está molesto, indignado o con rabia en estos tiempos. Razones sobran.
Por eso me parece que hay un asunto incluso más trascendental detrás de esta convocatoria: se evidencia que es posible organizar la indignación, que es posible realizar manifestaciones y que estás tengan algún tipo de apoyo popular. Al menos hay que intentarlo.
El asunto en evidencia también es que todavía se requieren organizaciones que puedan aglutinar ese descontento a la vez que se intenta desarrollar un trabajo de red que permita poner de frente alguna agenda común entre los sectores que resisten en la situación actual.
Al igual que el Paro Indefinido de los trabajadores de la AMA en el área metropolitana y la próxima marcha de la Federación de Maestros contra la privatización de las escuelas, lo de Ocupar apunta a las posibilidades de este periodo político y a las tareas de los activistas, que como los socialistas, queremos ver nacer un nuevo mundo, esta vez basado en la solidaridad y la satisfacción de las necesidades humanas. Ya estamos cansados de este mundo de los ricos. Nos toca organizarnos para cambiar las cosas.
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