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Periódico de la Organización Socialista Internacional

Cuba: El Capitalismo de Estado en Crisis

Posted by Socialismo Internacional en junio 5, 2012

“Un levantamiento nacionalista armado no es una revolución socialista… La historia de Cuba ha mostrado que no puede haber una isla de “socialismo” en un mundo capitalista.” 

En este escrito del año 2000, Héctor Reyes describe las relaciones existentes en Cuba, estudiando el estado del país que los guerrilleros heredaron en 1959, hasta el curso de los intentos del gobierno cubano para superar el retraso económico durante las siguientes dos décadas.*

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EN 1959 la revolución cubana marcó un hito en la larga historia de lucha contra la dominación de Estados Unidos (EE.UU.) sobre América Latina. En Puerto Rico en 1961, la revolución inspiró la formación del MPI (Movimiento Pro Independencia) por parte de activistas opuestos al colonialismo de EE.UU. En Nicaragua, quienes habían estado luchando por años contra Anastasio Somoza, el tirano apoyado por EE. UU., se sintieron alentados de que su lucha podría ser exitosa. Escribiendo muchos años después un líder Sandinista enfatizó que “Para miles de nicaragüenses, especialmente los jóvenes, la revolución cubana trajo un resurgimiento de esperanza. Nos dijo que una revolución podría triunfar en un país subdesarrollado”.[1] Pocos años después, la influencia de la revolución cubana se extendería más allá de los confines del Caribe, sobresaliendo como un modelo revolucionario a ser emulado por todas partes del mundo.

Hoy en día Cuba ya no reclama ser una lumbrera revolucionaria, y las luchas nacionales y revolucionarias de alrededor del mundo tampoco reclaman su manto como antes lo hacían. La gente de las revueltas en Indonesia o en Timor Oriental no citan a Cuba como su marco de referencia revolucionario, y tampoco lo hacen los Zapatistas en el estado mexicano de Chiapas. Cuba ha negado públicamente que haya apoyado seriamente al Ejército Zapatista de Liberación Nacional —debido a razones que no son insignificantes, como lo son el aumento en la inversión de capital mexicano en Cuba, y también el grado substancial de comercio entre México y Cuba.

El contraste entre el fervor revolucionario y la esperanza de los años sesenta y las realidades crueles impuestas por la crisis económica por la que pasa Cuba en los años noventa no puede ser más escueto. La franca verdad es que los logros comúnmente asociados con la revolución cubana— tal como las mejoras en la calidad de vida de la población— se han ido erosionando severamente durante los últimos 10 años. Entre 1991 y 1997, la tasa de crecimiento económico de Cuba disminuyó un 4.3 por ciento.[2] El colapso del Bloque Oriental acabó con el apoyo substancial de Rusia a la economía de Cuba, y las debilitantes sanciones económicas impuestas por EE.UU. han causado también estragos—que un oficial cubano estima que le cuestan al régimen cerca de $800 millones al año. Pero según este artículo demostrará, la crisis en Cuba comenzó antes de que el chorro de ayuda rusa fuera cortado. La crisis de Cuba formaba parte de la crisis generalizada del capitalismo de estado que agobió a los países del Bloque Soviético a mediados de los años ochenta.

¿Cuáles son las causas de la crisis, y representa la respuesta del gobierno cubano un rumbo nuevo? ¿Cuál es el carácter del régimen cubano, y qué le depara el futuro? Para abordar estos asuntos adecuadamente, es necesario ponerlos en un contexto apropiado. Uno debe primero examinar el estado del país que los guerrilleros heredaron en 1959, y entonces trazar el curso de los intentos del gobierno cubano para superar el retraso económico del país durante las siguientes dos décadas.

Un país controlado por gángsteres

A finales de 1958 la economía de Cuba estaba dominada abrumadoramente por el azúcar. El 83 por ciento de la tierra disponible era usada para el cultivo de la caña de azúcar, mientras que el 42 por ciento de la fuerza laboral trabajaba en la agricultura.[3] La United Fruit Company y otras compañías americanas eran dueñas de 1.2 millones de hectáreas de tierra.[4] EE.UU. controlaba casi toda la economía cubana, contando a su haber el 70 por ciento de las importaciones y exportaciones.[5] Otro 20 por ciento de la fuerza laboral estaba empleado en el turismo, que era conocido como la “segunda cosecha” de Cuba. Los trabajadores del turismo atendían principalmente a americanos que venían a la isla buscando ron barato, los casinos y las prostitutas. Esto dio paso a una gran maquinaria estatal—repleta de gangsterismo. La corrupción era el negocio principal del estado, consumiendo un 25 por ciento del producto interno bruto.[6]

Según Fidel Castro, 700,000 trabajadores estaban desempleados, mientras que otros 500,000 trabajaban sólo por temporadas y pasaban hambre una buena parte del año.[7] La tasa de mortalidad infantil era de 60 por cada 1,000 nacimientos, mientras que la expectativa de vida era de 55 años.[8] El 31 por ciento de la población no había recibido ninguna educación; el 29 por ciento había recibido tres años o menos; el 3.5 por ciento había asistido parcialmente a la escuela superior y sólo el 1 por ciento había asistido a la universidad.[9]

Cuba había sido gobernada por el dictador Fulgencio Batista desde 1934. Su régimen era corrupto y brutal. Aunque era totalmente apoyado por EE.UU., Batista era odiado por casi toda la población, excepto por sus colaboradores más cercanos y sus alcahuetes. A finales de los años cincuenta, el régimen no tenía una oposición de izquierda verdadera. Los gángsteres estaban a cargo de las uniones. El Partido Comunista (PC)—conocido en aquel entonces como el Partido Socialista Popular (PSP)—era, como otros partidos comunistas de los años treinta, un instrumento útil para la política exterior del dictador ruso Estalin.

Sin embargo, el PSP se había descompuesto mucho más que el PC típico. Estaba vinculado al régimen de Batista a tal grado que Castro pudo decir,

¿Con qué derecho habla el Señor Batista del comunismo? Después de todo, en las elecciones de 1940 él fue el candidato del Partido Comunista…su retrato estaba colgado junto al de [los líderes comunistas] Blas Roca y Lázaro Peña; y media docena de sus ministros y confidentes son miembros destacados del PC.[10]

La oposición a Batista que existía en las ciudades era abrumadoramente de clase media, organizada en torno a las Instituciones Cívicas. Otro componente de la oposición era el movimiento estudiantil—también orientado hacia la clase media. Aunque sería un error el decir que los trabajadores no tomaron parte en las acciones de la oposición, su participación no era independiente. En vez de proponer sus propias demandas de clase, los trabajadores eran participantes de un movimiento cuyo punto de unidad era el odio que compartía contra el régimen de Batista.

El Movimiento 26 de Julio de Castro estaba compuesto en su mayor parte por intelectuales, estudiantes, profesionales y un número limitado de campesinos. No sólo eran sus miembros en su mayoría de la clase media, pero su política era también firmemente de clase media. Enfatizaba una reforma agraria modesta y el desarrollo del capitalismo cubano sin las obstrucciones de los grandes negocios o del imperialismo. El movimiento guerrillero nació en 1953 con un ataque contra las barracas del Cuartel Moncada. En 1956, reinició su lucha guerrillera cuando se adentró en las montañas de la Sierra Maestra. La estrategia guerrillera era una que rechazaba explícitamente a los trabajadores como la fuerza revolucionaria principal. Che Guevara—que luego llegó a ser el símbolo mundial de la lucha guerrillera—consideraba que los trabajadores cubanos eran apáticos y que estaban comprados por el sistema. De hecho, él consideraba que las ciudades eran un obstáculo en la lucha:

Es más difícil preparar bandas guerrilleras en esos países que han experimentado una concentración de población en los grandes centros [urbanos] y que han desarrollado una industria ligera y mediana… La influencia ideológica de las ciudades inhibe la lucha guerrillera.[11]

Durante el primer año de la revolución, Guevara negó explícitamente su carácter de clase: “La revolución cubana no es una revolución de clase, sino un movimiento de liberación que ha derrocado a un gobierno dictatorial, tiránico”.[12] Unos pocos años después, Guevara reinterpretó la revolución como una socialista—aunque los trabajadores no jugaron un papel central—al redefinir el término “proletariado” como refiriéndose a un código moral de conducta. Los guerrilleros llegaron a ser “proletarios” al identificarse con el sufrimiento de los campesinos y los trabajadores, y viviendo una vida dura y frugal.[13]

A la guerrilla le tomó poco más de dos años para derrocar al régimen de Batista. Esto es un tiempo asombrosamente corto cuando uno lo compara con las décadas de lucha que le tomó a los guerrilleros vietnamitas o a los nicaragüenses para lograr lo mismo. Sin embargo, fue el aislamiento del régimen—de hecho, su putrefacción—lo que hizo que el ejército se desmoronara y dejara que los guerrilleros entraran a La Habana en enero de 1959. De acuerdo a ellos mismos, los guerrilleros eran una fuerza casi absurdamente pequeña—con unos 800 combatientes.[14] Con el desplome del régimen, dependía de los guerrilleros el formar un gobierno nuevo y reconstruir el país. Contando con casi ninguna experiencia administrativa, sus recursos más importantes eran su honestidad y su entusiasmo.

A pesar de sus debilidades, tras tomar el poder, los guerrilleros fueron capaces de instituir un número significativo de reformas. Las movilizaciones masivas de estudiantes e intelectuales lograron producir en unos pocos años una tasa de alfabetización de 90 por ciento. Durante las próximas dos décadas, el nivel de vida de los cubanos subió a niveles que sobrepasaba el de la mayor parte de los países de América Latina. Las escuelas fueron nacionalizadas y la educación fue hecha gratuita. Mientras que en 1956 sólo 27,000 niños terminaron su educación, para 1976 el número llegaba a los 700,000.[15] Para 1983 la tasa de mortalidad infantil había bajado a 15 por cada 1,000 nacimientos, que contrasta tajantemente con la cifra correspondiente de 18 para los negros en EE.UU.[16] La expectativa de vida subió en los años ochenta a 72 y 76 años, para hombres y mujeres, respectivamente. En contraste, las cifras correspondientes para los salvadoreños y los haitianos eran 58 y 67, y 53 y 56, respectivamente.[17] Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el insumo calórico mínimo recomendado para un adulto es de 2,600 calorías diarias. Para finales de los años ochenta, el insumo cubano promedio era 120 por ciento del mínimo, versus 88 por ciento para los guatemaltecos, 80 por ciento para los hondureños y 70 por ciento para los haitianos.[18]

En pos del desarrollo nacional

La crisis económica que ha azotado a la economía cubana durante la década pasada ha socavado muchos de estos logros sociales. Para poder entender cómo se desarrolló la crisis, uno necesita examinar las metas de los que han dirigido al país a partir de la revolución. A pesar de toda la retórica eventual acerca del socialismo, la mayor parte de los líderes guerrilleros—con la excepción de Che Guevara[19]—no profesaba ninguna afinidad hacia las ideas o programas socialistas. Sus metas eran el establecimiento de una democracia liberal y el desarrollo de la infraestructura económica de la isla. De manera que Castro pudo proclamar:

¡Nuestra revolución no es ni capitalista ni comunista!…El capitalismo sacrifica al ser humano, el comunismo con sus concepciones totalitarias sacrifica los derechos humanos…Nuestra revolución no es roja sino verde oliva. Lleva el color del ejército rebelde de la Sierra Maestra.[20]Y, cualquier intento de nacionalización generalizada obviamente impediría el punto principal de nuestra plataforma económica—la tasa de industrialización más rápida posible. Para este propósito, las inversiones extranjeras siempre serán bienvenidas y estarán seguras aquí.[21]

Pero la estrategia del nuevo régimen chocaba con los intereses del capital estadounidense. Alarmado con la redistribución a los campesinos pobres de la tierra que pertenecía a capitalistas extranjeros, EE.UU. amenazó con cancelar su cuota de azúcar. Los capitalistas de EE.UU. tenían invertidos en Cuba mil millones de dólares, principalmente en el sector azucarero—que exportaba a EE.UU. 95 por ciento del azúcar. Como respuesta, Castro comenzó a nacionalizar la tierra de los antiguos partidarios de Batista. A principios de 1960, EE.UU. recortó la cuota de azúcar—una movida que empujó a Cuba a llevar a cabo más nacionalizaciones. Entonces, cuando EE.UU. se rehusó a que Cuba refinara petróleo soviético en refinerías con propietarios estadounidenses, el gobierno cubano comenzó a nacionalizar las industrias. EE.UU. impuso finalmente un bloqueo económico total sobre Cuba, que ha perdurado hasta hoy día—acompañado de innumerables tentativas de sabotaje, atentados de asesinato contra Castro, y la fallida invasión de Bahía de Cochinos (Playa Girón) en 1961.

Con el mayor socio comercial de Cuba imponiéndole un bloqueo económico, el gobierno de guerrilleros se vio obligado a buscar la ayuda del llamado bloque socialista. Es por esto que Fidel Castro declaró la revolución socialista—en abril de 1961, retroactivo a enero de 1959. Esto era un “socialismo” definido en base al Estado como dueño de los medios de producción. No tenía nada que ver con que los trabajadores tomaran las decisiones fundamentales acerca de la economía o de la sociedad cubana. Los revolucionarios cubanos expresaban “una determinación absoluta para llevar a cabo desde el estado un programa de modernización y desarrollo económico. ‘Ellos personificaban el empuje por la industrialización, por la acumulación de capital, por la resurgencia nacional’—en otras palabras, las tareas inconclusas de una clase capitalista nacional incapacitada”.[22]

En el contexto del comienzo de los años sesenta, el estado era visto por muchos como un instrumento para el progreso económico. Aún países que no reclamaban ser socialistas, tal como Japón y Corea del Sur, hacían uso extensivo de las inversiones de capital dirigidas por el estado.[23] La tasa de crecimiento anual de la URSS fue de alrededor de 10 por ciento a través de los años cincuenta. Los líderes cubanos miraban a Rusia y la veían como un modelo para el desarrollo. Sin embargo, antes de aliarse completamente con el Bloque Soviético en los años setenta, Cuba pasó primero a través de una serie de zigzagueos durante los años sesenta.

La evolución de la revolución

Antes del comienzo de la crisis económica actual, Cuba atravesó varias fases entre 1959 y los años ochenta. Antes de aliarse completamente con la URSS, Cuba trató de balancearse entre la URSS y China. En parte, esto se debió al hecho de que los antiguos guerrilleros no tenían una estrategia preconcebida antes de llegar al poder y por lo tanto desarrollaron sus estrategias económicas eclécticamente. Sin embargo, el liderazgo cubano tampoco confiaba completamente en la URSS, quejándose frecuentemente de que lo trataban injustamente—siendo Guevara quien se quejara más estruendosamente.[24]

Los vaivenes políticos también reflejaban la influencia de la versión china del capitalismo de estado—el Maoísmo. A finales de los años sesenta, Cuba trató de emular el voluntarismo de Mao, la afirmación de que sólo la fuerza de voluntad era suficiente para vencer obstáculos sociales y económicos mayores. En el proceso, Cuba logró reproducir en una escala mucho menor los errores catastróficos del PC chino—ejemplificado por el desastroso “Gran Salto Hacia Adelante” de Mao.[25] Reculando de estos fracasos, los líderes cubanos decidieron finalmente adoptar el modelo de planificación estilo Soviético.

El siguiente es un breve resumen de los ajustes frecuentemente drásticos en la política del liderato cubano durante las primeras dos décadas de la revolución:

• 1959–61

Esto es el período inicial de reformas entusiásticas simbolizado por las campañas de alfabetización. Envolvió una leve reforma agraria, y concluyó con las extensas nacionalizaciones seguidas por el bloqueo. Acabó debido a una escasez total de recursos que fueron el resultado de la pérdida monumental de comercio con EE.UU.

• 1961–63

Un intento de diversificación económica mediante la industrialización fue hecho a costa de la agricultura. La maquinaria y la tecnología fueron obtenidas del Bloque Oriental a un costo de una cuarta parte del ingreso nacional. Se hizo un gran énfasis en la planificación y la disciplina laboral mientras que la burocracia estatal creció rápidamente. Los esfuerzos para mejorar la productividad laboral fueron denominados “competencia socialista”. El gobierno estaba atrapado en una contradicción: necesitaba los ingresos del azúcar para pagar por la maquinaria, pero había descuidado la agricultura para poder industrializarse. Este período acabó con una cosecha desastrosa de azúcar en la cuál la producción de azúcar cayó casi 50 por ciento comparada con la de dos años antes.

• 1963 –65

Una extensa colectivización de la tierra fue emprendida para asegurar el completo control de la producción agrícola—con el cultivo del azúcar abarcando un 70 por ciento de la tierra. Los esfuerzos de industrialización fueron aplazados mientras que los fondos para la educación y la vivienda disminuyeron entre un 25 y un 30 por ciento. La producción industrial se estancó. Este período se caracteriza por la creciente insatisfacción del gobierno cubano con la magnitud de la ayuda recibida de la Unión Soviética.

• 1965 –70

La profunda insatisfacción de Cuba la empuja a perseguir un curso autónomo de la URSS. Hubo un acercamiento con China—que en aquella época tenía una riña internacional con la URSS sobre cuál país era el líder legítimo del mundo “socialista”—y un giro hacia América Latina. Es en este periodo cuándo Cuba adquirió su reputación como el modelo revolucionario para el Tercer Mundo. Hubo una caída en el nivel de consumo de la clase trabajadora—y virtualmente ningún desarrollo económico (0.4 por ciento entre 1965 y 1970). Dado que los recursos materiales eran escasos, los “incentivos morales” fueron usados para compeler a los trabajadores a trabajar más duro. Debido a la crisis económica que se estaba desarrollando, para 1968 Castro comenzó un proceso lento de acercamiento con la URSS—apoyando el aplastamiento militar de la rebelión de trabajadores checoslovacos por la URSS.[26] Finalmente, para 1970 Cuba se unió completamente al bando soviético.

• 1970 – mediados de la década de los ochenta

Durante estos años, hubo una intervención soviética total en la economía cubana. El modelo económico de capitalismo de estado burocrático de la URSS fue reproducido fielmente—especialmente con la introducción absoluta de la “planificación económica” que perseguía explícitamente la rentabilidad de cada empresa. Nuevas leyes laborales fueron aprobadas que perseguían hacer más rígida la disciplina laboral. Cuba también se unió al mercado común del Bloque Oriental, el COMECON.

Es importante aclarar aquí que a pesar de estos variados esfuerzos para desarrollar y diversificar la economía, en ningún momento Cuba fue capaz de romper con su dependencia económica del azúcar como la fuente principal de divisas extranjeras. Citando un estudio escrito en 1981,

El monocultivo del azúcar es más pronunciado ahora que antes de la Revolución. En 1962, la caña de azúcar cosechada en tierras del estado constituía el 30.4 por ciento de la tierra estatal agrícola cultivada; la proporción aumentó a 34.9 por ciento en 1974. Las Naciones Unidas informaron que la caña de azúcar utilizó 63.7 por ciento de los cultivos mayores…en 1960; la caña de azúcar utilizó 71.6 por ciento en 1975…Cuando en 1976 la caída en el precio del azúcar en el mercado internacional afectó negativamente las metas del plan de 1976-1980 forzando un recorte en las importaciones y las raciones de alimentos, Castro afirmó que no se iba a volver a una “actitud anti-azúcar”. Cuba se iba a “quedar con el azúcar” por las ventajas comparativas de ese producto.[27]

Los inicios de la década de los ochenta representa la etapa de mayores logros del régimen cubano—pero también contienen las muestras iniciales de las grietas en su proyecto, evidenciado por la emigración masiva de unos 100,000 cubanos a través del puerto de Mariel. Este éxodo recibió el visto bueno del propio Castro, quien lo vio como una forma de aliviar parte de la presión sobre la economía.

Las contradicciones del “socialismo” cubano

Necesitamos poner el carácter del gobierno y la realidad de las condiciones encaradas por la clase trabajadora cubana en una perspectiva apropiada. Los logros de la revolución, aunque significativos cuando son contrastados con las condiciones de vida que enfrentaban muchos cubanos antes de la revolución, eran bastante modestos con respecto a las necesidades generales de la población y a la meta socialista de la liberación humana. El socialismo es un sistema de abundancia compartida alcanzado al liberar el potencial productivo creado por el capitalismo en una escala mundial. En Cuba, el socialismo era aclamado como el compartir la escasez en una forma generalizada: el racionamiento de bienes, la falta de muchos bienes básicos, la persistencia visible de la pobreza en sectores de la población, y la escasez de vivienda, de facilidades para el cuidado de niños y de transporte público. Tomemos la vivienda como ejemplo. Según un estudio,

A principios de los setenta, la vivienda cayó al fondo de la lista de prioridades en la construcción, así que la construcción de viviendas por cada 1,000 habitantes bajó de 2.3 en 1959-63 a 0.5 en 1970 y entonces subió a 1.5 en 1979, todavía por debajo del nivel del periodo de 1959-63. El estimado del déficit de viviendas creadas bajo la Revolución llegaba a las 700,000 unidades en 1977.[28]

Aunque todo socialista y todo antiimperialista necesita oponerse al bloqueo económico impuesto por EE.UU., debemos entender que no hay forma en que los infortunios económicos de Cuba puedan ser atribuidos completamente a éste. El bloqueo hace más difícil el adquirir medicinas, todo tipo de bienes de alta tecnología e inversiones. Pero éstos son también problemas que Cuba enfrentaría, como un país subdesarrollado, aunque no hubiera un bloqueo. A pesar de que en los primeros años de la revolución Cuba sufrió inmensamente cuando EE.UU. suspendió todo comercio, ésta fue capaz de compensar significativamente por esta pérdida aumentando su comercio con otros países latinoamericanos, europeos y asiáticos—además del comercio substancial que llevó a cabo dentro del COMECON. Así que entre 1958 y 1980, Cuba aumentó su comercio con Japón, Canadá, México, España y Francia 5.7, 6.6, 34.8, 6.0 y 9.9, veces, respectivamente[29]—cuyo valor combinado en 1980 alcanzó aproximadamente la misma cifra de mil millones de pesos que Cuba intercambió comercialmente con EE.UU. en 1958.

En Cuba, un número pequeño de oficiales del Estado y de burócratas siempre han tenido un monopolio sobre las decisiones más importantes que afectan la sociedad y la economía. El grueso de la población no tiene manera de modificar estas decisiones o de remover de sus puestos a quienes toman las decisiones. En Cuba, la clase gobernante representada por Fidel Castro, su hermano Raúl y una capa entera de burócratas de alto rango han usado el Partido Comunista Cubano (PCC), las Asambleas del Poder Popular, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la Unión de Juventudes Comunistas (UJC) para ejercer sus políticas económicas. Cualquiera que cuestione sus prioridades han sido acusado consistentemente de ser contrarrevolucionario o, por lo menos, un tonto útil del imperialismo estadounidense—y ha pagado caro por esto. Han sido víctimas de hostigamiento, perdido sus trabajos y han sido encarcelados. Así que el supuesto gobierno de las “masas” siente que tiene que suprimir sus voces e incluso su libertad de movimiento hacia fuera y de vuelta al país.

En el mejor de los casos, las Asambleas no son más que el equivalente glorificado de concilios de diputados municipales o de legislaturas provinciales que operan a nivel regional y nacional, pero con dos condiciones importantes. Primero, quienes son elegidos vienen de una lista de candidatos que tiene que ser aprobada por oficiales del gobierno. Segundo, el alcance de las decisiones tomadas por las Asambleas es restringido a cuestiones locales simples o a formas de aplicar las decisiones importantes hechas por oficiales de los rangos superiores en los ministerios del gobierno—oficiales a los que las “masas” no tienen forma de reemplazar.

El PCC es una estructura cerrada sobre la que las “masas” no tienen ni pizca de control. Está compuesto en su mayor parte de burócratas de rangos superiores e intermedios, y pocos trabajadores pertenecen a él. Aquellos trabajadores que se unen al PCC entran mediante un proceso que se parece a una beatificación católica. Mientras que a los trabajadores no les es permitido unirse personalmente al PCC o revocar a nadie fuera de este, a estos se les pide nominar a otros trabajadores que personifican las cualidades de un trabajador deseadas por la burocracia: lealtad ciega, alta productividad, y la habilidad y la disposición para mejorar sus habilidades técnicas. Una vez que estos trabajadores se unen al PCC, pueden intentar subir la escalera de la burocracia estatal—por supuesto, perdiendo su conexión con la clase trabajadora.

El CDR y la UJC son “organizaciones de masas”, pero ninguna es controlada por las masas. Estas son órganos para la movilización de la población en apoyo a metas nacionales de producción (por ejemplo el azúcar) o de campañas políticas. Los CDR han perdido gran parte de su utilidad inicial para la clase gobernante, pero estos funcionan todavía como un tipo de comité de vigilancia de los vecindarios, ayudando a asfixiar la disidencia política. La UJC se enfoca en las escuelas y las universidades, donde ha ayudado a encauzar a estudiantes en apoyo a campañas políticas tal como la promoción del trabajo voluntario.

La falta de democracia genuina en Cuba no significa que el régimen no haya tenido una amplia popularidad, especialmente en los años iniciales de la revolución, por haber derrotado al imperialismo estadounidense y haber mejorado la calidad de vida. Castro ha sido también capaz de usar la amenaza muy real que emana desde el Norte como una manera de acallar toda crítica del régimen. Pero según la economía comenzó a desmoronarse, comenzaron a surgir condiciones que han resultado en cambios drásticos tanto en la forma en que la burocracia quiere y necesita manejar al país y en la manera en que la clase trabajadora se ve a sí misma. Para una nueva capa de jóvenes cubanos, la única realidad que ellos recuerdan vivir es una vida de privaciones y de sacrificios continuos. ¿Por cuánto tiempo puede esta situación sostenerse sin explosiones sociales mayores?

La crisis actual

Desde los inicios de los años ochenta, tanto Cuba como la URSS se dirigían hacia sus respectivas crisis económicas. En la segunda mitad de esa década, la perestroika y el glasnost de la URSS— defendidos por el ahora fantasma político Mikhail Gorbachev—tuvieron su contraparte en la campaña de rectificación de Cuba. Esta campaña implicó zigzagueos en la política económica acompañada de purgas de oficiales prominentes. La pregunta importante aquí es, ¿por qué han sido necesarios estos drásticos vaivenes en la política económica?

El PCC creía que la productividad laboral y la tasa de crecimiento habían disminuido a una tasa perturbadora desde el comienzo de los años ochenta. Esto fue el tema principal de discusión en tercer congreso del partido en 1986:

[En 1981-85, el crecimiento] fue insuficiente en donde más lo necesitábamos, esto es, en la exportación de bienes y servicios, y en la sustitución de importaciones…El crecimiento de la producción de azúcar, nuestra industria nacional primaria, a pesar de los avances logrados, ha estado por debajo de las posibilidades con relación a los recursos invertidos en ésta.[30]

En otras palabras, una crisis severa se estaba desarrollando en lo que el crecimiento de la producción disminuía con relación a la inversión.  Esto se asemeja de manera peculiar a la teoría de Marx sobre la tasa decreciente de ganancias, que propone que bajo el capitalismo, según se aumenta la inversión, la razón de maquinaria a mano de obra sube y sube, conduciendo a una caída en la tasa de ganancias (en otras palabras, del rendimiento de la inversión total). En Cuba, este proceso se aceleró durante la segunda mitad de los años ochenta. Según el economista cubano Julio Carranza Valdés, calculando la respuesta productiva a la inversión entre los períodos 1981-85 y 1986-90, se produce un revés notable de 53 centavos de crecimiento en la producción por peso de inversión en el primer caso, a dos centavos en el período más reciente.[31]

Esta crisis se reflejó primero en términos de la deuda de Cuba. Para 1989, Cuba le debía a la URSS 17 mil millones de rublos, y para 1987 había acumulado una deuda de divisas intercambiables de aproximadamente seis mil millones de dólares—que correspondía al 102 por ciento de los ingresos anuales de Cuba por concepto de exportaciones.[32] Después del colapso del Estalinismo en el Bloque Oriental y en Rusia, el apoyo militar, técnico, económico y político para Cuba desapareció. Los subsidios que se estimaban entre 2 y 5 mil millones de dólares por año se esfumaron. Entonces Rusia y todos los otros países de Europa Oriental exigieron que la deuda fuera pagada en divisas intercambiables.

Una fuente significativa de divisas intercambiables para Cuba había sido la reventa de petróleo ruso en el mercado mundial, que componía el 42 por ciento de sus ingresos en divisas intercambiables en 1985.[33] Después de 1991, esta fuente desapareció. Peor aún, la falta de divisas intercambiables significó también cero petróleo para el consumo local y cero piezas de repuesta para reparar la tecnología de Europa Oriental. La crisis económica que resultó era monumental: De 1989 a 1991, la economía se encogió entre 35 y 50 por ciento. Las exportaciones totales en 1993 eran sólo una quinta parte de lo que habían sido en 1990, y las importaciones se redujeron en un 75 por ciento.[34] La producción de azúcar decayó constantemente a través de los años noventa. En respuesta, el PCC estableció medidas de austeridad severas—el “período especial”. El gobierno introdujo una serie de cambios económicos con la intención de restablecer el vínculo de la economía cubana con el mercado mundial, incluyendo la legalización del dólar americano, la legalización de mercados para la agricultura y los servicios, la apertura de la economía cubana a la inversión extranjera y la aceleración del comercio con estados fuera del grupo de países que anteriormente pertenecían al COMECON.

El efecto neto de la escasez y las medidas de austeridad ha sido una erosión severa de la calidad de vida. Antes de la crisis, a cada persona le era asignada una cuota mensual de arroz, de frijoles, de carne y de otros alimentos. Periódicamente, también recibían artículos tales como jabón y zapatos. Ahora, la ración de alimentos dura medio mes, y los zapatos y la ropa ya no están disponibles por estos medios. Como resultado, el insumo calórico diario de un adulto ha caído precipitosamente de 3,100 en los años ochenta a 1,863 en 1994—72 por ciento del mínimo recomendado por la OMS.[35] Durante la crisis actual, una compleja red de mercados ha evolucionado en la isla, que los cubanos usan de acuerdo a sus recursos y sus conexiones. Tengamos en cuenta que el salario mensual pagado por el Estado a un trabajador promedio es de 150 a 200 pesos, mientras que el de un doctor está entre 300 y 400 pesos—y la tasa de cambio es de unos 20 pesos por dólar americano.

• Mercado del Estado de bienes no racionados: Opera en pesos o en divisas intercambiables. Su inventario es muy limitado, mayormente cigarrillos y ron, a precios que han subido substancialmente en años recientes.[36]

• Mercados libres de productos agrícolas e industriales-artesanales: Venden en pesos a precios altos de mercado libre. En 1996, el arroz costaba cinco pesos por libra, y el puerco—la única carne disponible—costaba 25 pesos por libra (igual al salario de tres días). Una variedad limitada de productos, tal como zapatos, ollas y cacerolas, pueden ser comprados a precios elevados.

• Tiendas de dólares: La mayor parte de estas tiendas son manejadas por el estado, mientras que el resto son propiedad del capital extranjero. Su inventario es vasto. Desde que el dólar fue legalizado en 1993, estos bienes están disponibles sólo a quienes tienen acceso a dólares recibidos de familiares en el extranjero[37] o por la interacción con los turistas. Un estéreo cuesta cerca de $600—aproximadamente el salario de cinco años de un trabajador promedio.[38] En 1994, estas tiendas hicieron $200 millones en ventas, que constituía más que los ingresos del turismo ese año.[39]

• Mercado negro: Todo tipo de artículo puede ser obtenido en el mercado negro—la mayor parte hurtado de las empresas del estado (por ejemplo, alimentos y materiales de construcción). Para el grueso de la población, este mercado y las tiendas de dólares son las únicas fuentes de leche en polvo y queso. La importancia económica del mercado negro ha aumentado agudamente a través de los noventas. En 1990, se vendieron bienes por un monto total de cerca de dos mil millones de pesos. Para 1992, esta cifra llegó a los diez mil millones de pesos—comparado con los siete mil millones de pesos en los mercados oficiales de ventas al detal.[40]

Tanto la educación como el cuidado de la salud han sufrido significativamente según la crisis se ha desplegado. Mientras que la educación todavía es gratuita, no hay dinero para libros, lápices y cuadernos, y hay evidencia anecdótica de hacinamiento en las aulas. El cuidado de la salud ha empeorado de la misma manera. Una visita al doctor todavía es gratis, pero la mayoría de las medicinas ahora tiene que ser pagada por el paciente—usualmente en dólares. El número de cirugías bajó 45 por ciento entre 1990 y 1993.[41] El efecto combinado del empeoramiento de la nutrición y de los servicios sociales ha causado epidemias de ceguera (1992), un aumento de 150 por ciento en las muertes por enfermedades diarreicas entre 1989 y 1993, y que la tasa de tuberculosis se triplicara entre 1990 y 1994.[42]

Una serie de problemas sociales adicionales ha estallado como resultado de la crisis. La severa escasez ha producido niveles significativos de desempleo—7.1 por ciento en 1994.[43] La escasez y desempleo han forzado a miles de mujeres a trabajar como prostitutas en áreas frecuentadas por turistas—trayendo recuerdos de los años de Batista.[44]

Los hurtos, no sólo de almacenes del gobierno sino también entre ciudadanos ordinarios desesperados, ha llegado a ser un problema diario. El consenso social que prevaleció durante los primeros 30 años de la revolución se ha desintegrado en una lucha diaria intensa por la sobrevivencia individual. Miles han tratado de escapar a EE.UU.—muchos en balsas hechas por ellos mismos, que ha resultado frecuentemente en muertes al ahogarse. Un incidente revelador sucedió en 1995, cuando miles se congregaron en el Malecón de La Habana. La furiosa muchedumbre era demasiado grande y, temiendo disturbios, Castro optó por permitir que todos los que estuvieran dispuestos a arriesgar su vida en alta mar salieran de la isla sin impedimentos. No mucho después, los números grandes de cubanos que procuraban hacer la peligrosa travesía alarmaron al Presidente Clinton—que estaba en medio de una campaña anti-inmigrantes—y lo llevó a suspender la política de 34 años que otorgaba refugio político automático a cualquier cubano que intentara salir de la isla.

La estrategia del gobierno cubano

El bloqueo económico de EE.UU. ciertamente ha hecho más difícil el acceso a bienes básicos, o ha hecho el costo substancialmente más alto—particularmente las medicinas. Sin embargo, la pesadilla todavía sigue siendo el subdesarrollo de su infraestructura económica— algo que Cuba comparte con el resto del llamado Tercer Mundo. La necesidad más imperante del gobierno es el acceso a divisas convertibles para pagar por las importaciones y reconstruir la industria. De manera que mientras el comercio con EE.UU. está prohibido, Cuba todavía puede intentar comerciar con el resto del mundo. A pesar de toda la retórica política y de la presión del gobierno de EE.UU., el impedimento principal sigue siendo la falta que Cuba tiene de divisas convertibles para pagarle a sus socios comerciales potenciales en los países económicamente avanzados.

La respuesta a este reto ha sido la imposición de medidas severas de austeridad en los servicios sociales y la transportación, y el sacrificio de los sectores de la economía que son considerados marginales. No es sorpresa que el PCC haya privilegiado a aquellos sectores económicos que traen divisas convertibles: la caña de azúcar, el turismo, la biotecnología y las empresas que reciben inversión extranjera. La industria del turismo, con un valor de $1.9 mil millones, es de nuevo la “segunda cosecha” de Cuba, y junto con el azúcar y las remesas de dólares de cubanos que viven en EE.UU. constituyen la fuente principal del país de intercambio con el exterior. El gobierno ha experimentado también con las zonas de procesamiento para la exportación (ZPE) semejantes a las que se encuentran en otras partes de Caribe y de América Central. Las ZPE tienen como fin el atraer capital extranjero creando zonas especiales de producción que ofrecen refugio de los impuestos con mano de obra barata para las compañías que producen para el mercado internacional. En 1998, había tres ZPE y planes para construir más.[45]

En 1995, el gobierno aprobó una ley nueva que permitía que el capital extranjero fuera dueño de hasta el 100 por ciento de una empresa. Durante la presentación del borrador de esta ley a la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ernesto Meléndez Bachs dijo orgullosamente que los empresarios extranjeros debían sentirse confiados porque ellos “operarían en un país estable, sin terrorismo, sin drogas, sin el secuestro de ejecutivos”.[46] Según Meléndez Bachs, esta nueva ley expandiría aun más la inversión extranjera, que para 1995 envolvía a 34 sectores económicos y a 50 países, y que también incluía la inversión cubana en el exterior en la construcción, la manufactura de buques, la industria bancaria, y el refinamiento de depósitos de níquel y cobalto.

Los beneficios de la nueva ley para la clase trabajadora son mínimos. Las firmas extranjeras le pagan a sus trabajadores cubanos a través de una agencia del estado. La firma le paga al estado en dólares, y el estado les paga a los trabajadores una cantidad menor en pesos—comparable al salario promedio estatal.[47] Sin embargo, los cubanos que logran que los nombren a una posición en la gerencia de estas firmas son empleados y pagados directamente por las firmas—frecuentemente en dólares y sin que el estado se tome una tajada.

Como no hay uniones independientes en Cuba, no hay mecanismos básicos para la defensa colectiva de la clase trabajadora. El sindicato oficial, el CTC (Congreso de Trabajadores Cubanos), y otras “organizaciones de masas” tal como la UJC sirven como una correa de transmisión para la implementación de las directivas económicas decididas por las capas superiores de la burocracia en el PCC. En un discurso conmemorando la apertura de un hotel nuevo—una empresa conjunta con capitalistas españoles—Castro dijo que el PCC, la CTC y la UJC debían “continuar siendo los guardianes de la eficiencia y la disciplina y luchar porque el trabajo sea el mejor posible…¿Van a querer decirle al gerente que hacer? ¡No! Estos van a tener que apoyar los esfuerzos de la gerencia, no importa si el gerente es cubano o español”.[48]

Para poder imponer la clase de disciplina laboral deseada por Castro, un elemento central ha sido la llamada emulación socialista, que no es otra cosa que una combinación de exhortaciones morales y de reglas de trabajo rígidas para aumentar la productividad laboral. Por ejemplo, trabajadores químicos del sector de industrias básicas son evaluados de acuerdo al Coeficiente de Productividad Laboral (CPL). Tu CPL baja si llegas tarde o estás ausente. Cada mes los CPL son evaluados, y aquellos trabajadores por encima de un cierto nivel son denominados “cumplidores,” lo que les otorga puntos que puede ser usados en la tienda de la compañía para obtener artículos básicos como aceite de cocinar, jabón y champú—que no son accesibles con pesos. Quienes tienen los CPL más altos pueden ser denominados “sobresaliente” y “vanguardia”, lo que les permite tener acceso a zapatos o ropa que de otro modo sólo pueden ser comprados en tiendas de dólares. Se entiende porque el mantener tu CPL es literalmente una cuestión de sobrevivencia—la gente va a trabajar enferma o usa días de vacaciones para cuidar a familiares enfermos.[49]

Estas normas no son nuevas. Un discurso de Castro en el vigésimo aniversario de la revolución que le pedía a los trabajadores que se apretaran sus cinturones no suena diferente a un líder político mexicano o estadounidense empujando medidas  de austeridad:

Sería demagógico decir que los años venideros que esta generación va a enfrentar serán fáciles…Creo firmemente que  actualmente no debemos pensar en aumentar nuestro consumo … no debiéramos hablar de mejorar las condiciones de vida …Es más importante para nosotros [concentrarnos en el desarrollo], poner nuestra economía sobre una base sana, [mantener los niveles de producción] y cambiar la estructura de nuestra economía…Debemos enfilar nuestros esfuerzos principalmente en esta dirección en los próximos siete u ocho años…Hay siempre una generación a la que le toca hacer el trabajo más duro…Esta generación debe hacer los sacrificios…Otras generaciones vivirán mejor.[50]

Y sea a través de compulsión económica (como con el CPL) o por medio de exhortaciones morales, la idea es aumentar la productividad laboral. El asunto de la “emulación socialista” o la “competencia socialista” es simplemente una treta para lograr que los trabajadores le den su consentimiento a un aumento en su explotación. En varias etapas de la revolución, han formado parte de las campañas para promover el trabajo voluntario y el reconocimiento  de trabajador “ejemplar”—Guevara era el mayor defensor de estos llamados “estímulos morales” por medio de sus argumentos acerca del “Hombre Nuevo y el Socialismo”.

La realidad es que si el gobierno carecía de recursos para compensar a sus trabajadores (los estímulos materiales), ofrecía pagarles con satisfacción moral por trabajar más duro y por menos. No debe sorprendernos que cuándo Cuba se deslizó hacia su severa crisis a principios de los años noventa, el gobierno recurrió a una campaña que resucitó la imagen de Guevara—y por supuesto las virtudes de los incentivos morales y el trabajo voluntario. Algunos defensores sin sentido crítico del régimen cubano alegan que como el país es socialista—basado en el hecho de que la industria y el comercio están nacionalizados— cualquier intento de extraer más trabajo de los trabajadores tiene como resultado simplemente más beneficios para todos los trabajadores. Como hemos visto, los trabajadores no tienen ningún mecanismo de control sobre sus condiciones de trabajo o sobre la economía. Todo yace en las buenas manos de los “líderes bien intencionados”—cuyas prioridades económicas subordinan las necesidades de consumo a favor de aumentar la producción y de hacer a los productos cubanos más competitivos en el mercado mundial. La clase gobernante cubana siempre ha procurado tomar parte en el mercado internacional como un medio de desarrollar al país. Esto sólo ha ocurrido extrayendo una productividad cada vez mayor de sus trabajadores y limitando el consumo—lo que de otra forma es conocido como explotación capitalista. En términos concisos esto significa que a pesar de los reclamos de “socialismo en una isla” que provienen de la Fortaleza Cuba, su economía es en realidad capitalista del estado.[51]

Los efectos combinados de la crisis económica y de las políticas del gobierno han producido una diferenciación económica aguda entre los varios sectores de la población—un hecho reaciamente admitido por el gobierno.[52] Lo que el gobierno no va a admitir es que si tu formas parte de la burocracia que gobierna a Cuba—particularmente de las capas superiores—tu acceso a alimentos, ropa y alojamientos cómodos están garantizados. Los mercados de agricultores y el crecimiento del mercado negro han creado una nueva clase media. Por ejemplo, alguien que tiene un taller de reparaciones de llantas puede ganarse 1,000 pesos por mes, mientras que un abogado que representa a empresarios puede ganarse 1,500 pesos mensuales, además de regalos y propinas—que debe ser comparado con el salario promedio estatal de 150 a 200 pesos mensuales. Los oficiales del gobierno con buenas conexiones pueden lograr que los nombren directores de empresas mixtas con acceso a cantidades substanciales de dólares o grandes sumas de pesos. Lo que estamos presenciando es la directa, pero gradual, transformación de los burócratas del estado y de los gerentes en una clase burguesa privada.[53] Este proceso no es exclusivo a Cuba. Cuándo el Estalinismo se desplomó en Europa Oriental y en Rusia, los burócratas que manejaban las industrias estatales más prometedoras fueron capaces de plantarse como los directores de las empresas recientemente privatizadas, o hasta como los nuevos dueños privados. En Cuba, este proceso no ha avanzado tanto. Sin embargo, la ley de 1995 que permite la propiedad de empresas completamente por capital extranjero ciertamente ha facilitado el camino para una eventual y semejante estampida por parte de los burócratas cubanos.

Una vía diferente

Las privaciones severas impuestas sobre el grueso de la población por los efectos combinados de la crisis económica y de las políticas del gobierno, y la extensa búsqueda de inversión extranjera, convierten en una burla el discurso de Castro en 1986 en que expresó apasionadamente que “Cuba nunca adoptará métodos capitalistas”.[54] De hecho, aún cuando el mercado interno fue reducido significativamente durante la fase de tutelaje de la URSS, los consagrados métodos capitalistas como el aumento en la productividad, la intensificación de la disciplina, y la rentabilidad de las empresas fueron perseguidos activamente por los gobernantes de Cuba a través de su ávida participación en el mercado internacional. Ahora que la isla ha sido empujada aún más profundamente dentro de ese mercado, todo los males que parecían haber desaparecido después de la revolución han resurgido con creces: la desnutrición, el robo, el acaparamiento, la prostitución asociada con el turismo y una dependencia rápidamente creciente del capital extranjero, el cuál no siente que tiene que esconder su motivos de lucro.

La verdad es que cuando los guerrilleros tomaron el poder en 1959, terminaron siendo no mucho más que reformistas armados. Lograron deshacerse de un déspota odiado, pero no efectuaron una transformación social revolucionaria. Introdujeron reformas beneficiales en la salud y la educación. Pero estas reformas no tenían un carácter diferente, y fueron significativamente menos extensas debido al severo subdesarrollo económico, a aquellas instituidas por los gobiernos reformistas social demócratas en Suecia, Gran Bretaña y otros países de Europa Occidental en los años cincuenta y sesenta. Una revolución socialista es mucho más que establecer programas sociales que pueden ser desmantelados a capricho de los gobernantes. Implica no sólo que la clase trabajadora toma el control directo del poder estatal, para redirigir la producción para satisfacer las necesidades humanas, sino también la reorganización de la sociedad para deshacerse gradualmente de todo tipo de males tales como el racismo y el sexismo—lo qué Marx llamó la porquería de siglos.

Los peores aspectos del racismo fueron confrontados en los años iniciales de la revolución, pero este ha empeorado durante la crisis actual. La policía regularmente detiene a hombres negros jóvenes en las calles para exigirle sus papeles, los negros están concentrados en los vecindarios más pobres y los dichos racistas son explayados como parte de una conversación normal. Las mujeres también han sido afectadas más severamente por la crisis. A menudo ellas son los primeras en ser despedidas o bajadas de rango—lo que seguramente ha contribuido al aumento en la prostitución— y las imágenes sexistas de mujeres en bikinis tipo tanga han llegado a ser prominentes en la promoción del turismo.[55] Aunque la persecución de los gays ha disminuido durante la década pasada—hubo un festival gay público en La Habana en 1992[56]—algunos aspectos de la sexualidad gay siguen siendo considerados una ofensa criminal.[57] Más importante aún, uno tiene que preguntar, si el socialismo se trata de la liberación de toda la humanidad, ¿por qué le tomó al PCC hasta el 1987—casi 30 años después de la revolución—para remover la ley que penalizaba la conducta homosexual pública, que había estado vigente desde 1938 cuándo Batista gobernaba el país? La respuesta otra vez es que el régimen cubano no tiene nada que ver con el socialismo. Un levantamiento nacionalista armado no es una revolución socialista.

Castro tuvo que tomar las armas en los años cincuenta a causa de un hecho de mucho peso del capitalismo contemporáneo, y que distorsiona la soberanía: el imperialismo estadounidense. En 1898, EE.UU. se echó en el bolsillo a Cuba como botín de guerra de la Guerra Hispanoamericana. En 1902, debido a la resistencia popular, fue forzado a otorgarle a Cuba su independencia. Pero era una independencia de pacotilla porque EE.UU. había insertado en la constitución cubana la Enmienda Platt—que le garantizaba a EE.UU. el derecho a intervenir militarmente en Cuba en cualquier momento si sus “intereses nacionales eran amenazados”.[58] Desde ese punto hasta 1959, EE.UU. apoyó a cada vicioso y corrupto dictador en Cuba. Los métodos pacíficos de cambio estaban bloqueados completamente aún para los reformistas liberales.

Desde la revolución, EE.UU. ha intentado socavar continuamente el estado cubano. El acto más reciente de sabotaje económico, la ley Helms/Burton de 1995—que penaliza a los países y compañías que hacen negocios dentro de Cuba—le confiere al presidente de EE.UU. la prerrogativa de definir lo que constituye democracia en Cuba. Nada puede ser más arrogante e hipócrita, dado el abierto apoyo que EE.UU. le ha proporcionado a toda clase de dictadores asesinos en América Latina, desde Somoza en Nicaragua a Pinochet en Chile. Por eso es que celebramos la Revolución Cubana, porque le puso un ojo morado al imperialismo estadounidense—al probar que podía ser derrotado en su patio trasero. Pero defender a Cuba contra la dominación americana no es lo mismo que identificarse con el régimen de Castro.

La crisis de Cuba no es algo aparte de la severa recesión económica que afecta actualmente a casi 40 por ciento del mundo. En país tras país, los partidos políticos asociados tradicionalmente con las reformas—los social demócratas y los liberales—han probado no estar dispuestos o ser incapaces de implementar reformas significativas. Al contrario, éstos han presidido sobre ataques extensos contra sus clases trabajadoras.

La población de Cuba está enfrentando una situación semejante a, pero mucho más aguda que, la de los trabajadores en Gran Bretaña, Alemania y EE.UU., que sufren de recortes drásticos en los beneficios sociales provistos por el estado. La estrategia de los guerrilleros convertidos en burócratas siempre ha sido el jugárselas en el mercado internacional—un callejón sin salida para la clase trabajadora cubana. Para que la economía cubana pueda competir favorablemente en ese mercado, aumentos continuos en la productividad son exigidos a sus trabajadores—en la forma de jornadas de trabajo más largas, de aceleración del tempo de trabajo y de salarios más bajos. Aún en sus propios términos, la metas de la burocracia de desarrollo nacional y de superar la dependencia del azúcar han fracasado miserablemente.

Hay una vía diferente. Implica no jugárselas en el mercado, sino luchar para acabar con el sistema capitalista internacional que depende de ese mercado. La clase trabajadora cubana necesita luchar en dos frentes simultáneamente. En uno tiene que defender su calidad de vida contra las imposiciones de su clase gobernante organizada en el PCC. El otro es contra el imperialismo estadounidense. La historia de Cuba ha mostrado que no puede haber una isla de “socialismo” en un mundo capitalista. Aún en el mejor de los casos, la concepción de revolución internacional defendida por algunos revolucionarios en Cuba—tal como Che Guevara—equivalía meramente a una colección de revoluciones nacionalistas que podrían juntarse para resistir las políticas de los países avanzados.[59] Eso fue en los años sesenta. Ese tipo de retórica fue abandonada por el liderato cubano hace muchos años atrás. La liberación de la clase trabajadora cubana vendrá por medio de una estrategia diferente—a través de su propia actividad, defendiendo sus propios intereses y uniéndose a los trabajadores del mundo en una lucha común para acabar con el sistema internacional del capitalismo, que causa miseria en Cuba y asedio imperialista y guerras y destrucción por todas partes.


* Artículo publicado originalmente en la edición número 11 de la revista estadounidense International Socialist Review bajo el título de Cuba: The Crisis of State Capitalism

[1] Citado en D. Tijereno, “Cuba: Adapting to a Post-Soviet World”, NACLA Report on the Americas, Vol. 29, No. 2, septiembre-octubre de 1995: p. 43. Le debo una gran deuda a David Viinika por darme acceso a ésta información y muchos otros valiosos datos acerca de la Cuba de los años noventa a través de su manuscrito inconcluso Cuba: Between Dreams and Nightmares. En la medida que se me hizo posible, reproduzco en este escrito las citas en español en su texto original. Desafortunadamente, la falta de acceso a fuentes que datan de varias décadas hizo necesario el traducir al español citas previamente traducidas al inglés. Pido disculpas por cualquier deficiencia o diferencia sustancial en mi traducción, aunque he intentado rigurosamente mantener el espíritu de la cita.

[2] Informe de 1998 de la Economic Commission on Latin America (ECLAC), citado en “Sea Changes: The New Cuban Economy”, NACLA Report on the Americas, Vol. 32, No. 5, marzo-abril de 1999, p. 23.

[3] Citado en P. Binns y M. González, Castro, Cuba and Socialism: The Economics of State Capitalism (Cleveland: Hera Press, 1981), p. 4.

[4] T. Ruiz Fernández, “La larga marcha de la revolución cubana”, Tiempo e Historia, diciembre de 1976, p. 15.

[5] Comité Estatal de Estadísticas, Anuario Estadístico de Cuba, 1985, pp. 377-91.

[6] Binns y González, p. 5.

[7] “La historia me absolverá”, discurso reproducido en inglés en F. Castro y R. Debray, On Trial (Londres: Lorrimer Publishing Ltd., 1968), p. 28.

[8] F. Castro, Informe al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba (Barcelona, 1976), p. 134.

[9] Binns y González, p. 6.

[10] Citado en H. M. Enzenburguer, Raids and Reconstructions: Essays on Politics, Crime, and Culture (Londres: Pluto Press, 1976), p. 200.

[11] Citado en T. Cliff, Deflected Permanent Revolution (Londres: Bookmarks, 1986), pp. 14-15. Originalmente publicado en C. Guevara, “Cuba: Exceptional Case?”, Monthly Review (Nueva York), julio/agosto, 1961, pp. 65-66.

[12] Che Guevara Speaks: Selected Speeches and Writings, G. Lavan, editor (Nueva York: Pathfinder, 1967), p. 13.

[13] Ver a H. Reyes, Guevara y Cuba: Más allá de la  Vilificación o el  Romanticismo (Chicago: Bookmarks, 1993).

[14] Citado en T. Cliff, p. 14. La referencia original es un discurso hecho por Castro el 1 de diciembre de 1961, y reportado por El Mundo (La Habana), el 22 de diciembre de 1961.

[15] Anuario Estadístico de Cuba, Tabla XIII.4.

[16] Anuario Estadístico de Cuba, p. 134.

[17] The Economist Book of Vital World Statistics: A Complete Guide to the World in Figures, editores de The Economist (Nueva York: Times Books, 1990), p. 214.

[18] Vital World Statistics, p. 64.

[19] Guevara era uno de los pocos en el grupo de Castro que simpatizaba con el socialismo antes de que éstos tomaran el poder. Su ministerio estuvo a cargo de una de las primeras oleadas de nacionalizaciones en 1960. Sin embargo, la concepción de Guevara de cómo lograr el socialismo era paternalista en el mejor de los casos, y burocrática y antidemocrática en la práctica. Para él, los trabajadores no eran los actores centrales en la construcción del socialismo—ésta era una tarea para el estado a través de tecnócratas bien comprometidos con la causa. El resultado era que, a pesar de sus mejores intenciones, su proyecto conducía hacia otra dirección, hacia una forma muy centralizada del capitalismo de estado que nunca pudo implementar completamente debido a diferencias con Castro, y porque se fue de Cuba en 1965. Para más información acerca de las políticas de Guevara, ver H. Reyes, Guevara y Cuba.

[20] Discurso de Castro el 21 de mayo de 1959, citado por Binns González, p. 9.

[21] De un artículo de Castro publicado en la revista Coronet, febrero de 1958, citado en Cliff, p. 15.

[22] M. González, “Can Castro Survive?”, International Socialism 56, Otoño de 1992, p. 94.

[23] Ver a N. Harris, The End of the Third World: Newly Industrializing Countries and the Decline of an Ideology (Middlesex, Inglaterra: Penguin, 1986).

[24] Ver E. Guevara, “La Lucha Antiimperialista No Tiene Fronteras”, en El Socialismo y el Hombre Nuevo, José Aricó, editor (México, D.F.: Siglo Veintiuno, 1977), pp. 231-32.

[25] Para un recuento breve y útil de cómo Mao gobernó a China ver a C. Hore, China: Whose Revolution? (Londres: Bookmarks, 1987).

[26] Para una discusión de cómo el supuesto gobierno socialista de la URSS aplastó militarmente a los trabajadores checoslovacos ver a C. Harman, The Fire Last Time: 1968 and After (Londres: Bookmarks, 1988).

[27] C. Mesa-Lago, The Economy of Socialist Cuba (Albuquerque: University of New Mexico Press, 1981), pp. 64-65.

[28] Mesa-Lago, p. 196.

[29] Anuario Estadístico de Cuba, pp. 377-80.

[30] Informe Central al 3o Congreso del Partido Comunista de Cuba, La Habana, febrero de 1986 (Buenos Aires : Editorial Anteo, 1986), pp. 31ff.

[31] J. Carranza Valdés, “Cuba: los retos de la economía”, Cuadernos de Nuestra América, julio-diciembre de 1992, No. 19: p. 138.

[32] Cuba suspendió el pago de su deuda externa en julio de 1986. Las cifras sobre la deuda son citadas en R. A. Sandoval, “Cuba: Dolarización, endeudamiento externo, proceso de ajuste y otras reflexiones”, Economía y Desarrollo, 1995, No. 2, pp. 53ff.

[33] Sandoval, p. 54.

[34] “Sea Changes: The New Cuban Economy”, NACLA Report on the Americas, Vol. 32, No. 5, marzo-abril de 1999: p. 23.

[35] R. Garfield y S. Santana, “The Impact of the Economic Crisis and the US Embargo on Health in Cuba”, American Journal of Public Health, enero de 1997: p. 16.

[36] Carranza Valdés, p. 20.

[37] De acuerdo a la escritora y periodista cubano americana Achy Obejas, el envío anual de dinero por los exiliados cubanos hacia la isla llega a los mil millones de dólares. (Chicago Tribune, 31 de octubre de 1999.)

[38] Viinikka, Dreams and Nightmares (inédito), p. 6.

[39] O. E. Pérez y H. Marquetti, “La Economía Cubana, Actualidad y Tendencias”, Economía y Desarrollo, 1995, No. 1: p. 41.

[40] Sandoval, p. 52.

[41] El País (Barcelona, España), 28 de marzo de 1996.

[42] Garfield y Santana, pp. 16-17.

[43] Pérez y Marquetti, p.36n.

[44] I. Lumsden, Machos, Maricones [sic] and Gays: Cuba and Homosexuality (Philadelphia, Pa.: Temple University Press, 1996), p. 171.

[45] “Sea Changes,” p. 27.

[46] Esta valiosa información y mucho más puede ser obtenida a través de la página de Cuba en la red, en http://www.cubaweb.cu.

[47] Ley de la Inversión Extranjera (La Habana, 1996), Art. 33.

[48] Citado por Viinikka en Dreams and Nightmares (inédito), p. 12. De un discurso de Castro el 10 de mayo de 1990, en Varadero, Cuba.

[49] Viinikka, Dreams and Nightmares (inédito), p. 10.

[50] Mesa-Lago, p. 198.

[51] En la justificación más sofisticada del enmascaramiento del capitalismo de estado de Cuba como socialismo, Guevara describe a los trabajadores, no como los agentes centrales de la construcción del socialismo, pero sí como meras herramientas para ser moldeadas por el verdadero agente del “socialismo”, la burocracia estatal. Ver a Reyes, Guevara y Cuba.

[52] Ver a J. Triana Cordovi, “Cuba: Consolidación de la reanimación económica”, Economía y Desarrollo, 1995, No. 2: p. 20, y el discurso de Castro el 1 de mayo de 1994, que puede ser revisado en gopher://lanic.utexas.edu:70/11/1a/Cuba/Castro

[53] Viinikka, Dreams and Nightmares (inédito), p. 24.

[54] F. Castro, Cuba will never adopt capitalist methods (Nueva York: Pathfinder Press, 1988).

[55] M. Vilasis, NACLA Report on the Americas, Vol. 29, No. 2, septiembre-octubre de 1995: pp. 28-29.

[56] J. Waller y otros., AIDS in Cuba: A portrait of prevention (Londres: Campaña de Solidaridad con Cuba, junio de 1993), p. 15.

[57] Lumsden, p. 85.

[58] La Enmienda Platt fue removida de la constitución en 1934, después de que una huelga general exitosa forzara al dictador Gerardo Machado fuera del poder en 1933. Este incidente claramente demuestra la capacidad de los trabajadores cubanos para la acción independiente—el factor que hacía falta era un partido socialista revolucionario que hubiera podido dirigir realmente a la clase trabajadora en 1933. El partido que existía, el PC, estaba completamente estalinizado y desperdició una oportunidad histórica al llegar a un acuerdo con Machado: a cambio de la legalización del PC, el PC tenía que asfixiar la huelga. Esto estableció un precedente que eventualmente permitió que el PC apoyara a Batista, y que condujo a la bancarrota política del PC. Para un recuento de este periodo ver a L. A. Pérez, Jr., Cuba: Between Reform and Revolution (Nueva York: Oxford University Press, 1988).

[59] Ver a H. Reyes, Guevara y Cuba.

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