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Periódico de la Organización Socialista Internacional

Egipto: fe en la revuelta

Publicado por Socialismo Internacional en junio 7, 2012

Sigue abierto el proceso revolucionario en Egipto

Sigue abierto el proceso revolucionario en Egipto

Internacional

Durante la primera semana de mayo, grupos de islamistas egipcios impulsaron la ocupación del Ministerios de Defensa en protesta por la anulación de su candidato a las elecciones presidenciales. Exigían la disolución del Comité Electoral Presidencial, en medio del abierto proceso revolucionario que continúa. La ocupación generó un debate en la izquierda egipcia sobre cuál posición asumir frente a la protesta islamista.

Hossam el-Hamalawy*, del grupo Socialistas Revolucionarios, asegura que es importante tomar partido frente a eventos radicales aunque estos sean convocados por fuerzas conservadoras.

Durante una manifestación la pasada semana, un joven camarada que conozco de la Universidad del Cairo se me acercó — un estudiante de medicina que estaba entre los médicos del hospital de campo durante la ocupación al Ministerio de la Defensa (MdD). Me habló sobre una mujer salafista que vestía un niqab, que besaba la bandera roja de los Socialistas Revolucionarios durante la ocupación, a la vez que gritaba, “¡Perdonadme porque no sabía antes de vuestra existencia!”.

Contesté contándole la historia de otro compañero que entraba a la ocupación y estaba siendo buscado por un jeque salafí. Cuando el jeque encontró la bandera de los Socialistas Revolucionarios, libros marxistas, así como noticias del periódico The Socialist en su bolsa, le dijo al joven estudiante: “¡Pasa adelante hijo, que Dios esté contigo!”. Estas son solo dos anécdotas, de entre muchas otras, de las que nuestros compañeros han sido testigos a lo largo de la controversial ocupación.

La ocupación del MdD fue iniciada por un grupo de adeptos al candidato salafí a la presidencia Hazem Salah Abu Ismail cuya candidatura había sido anulada. El grupo se manifestó en el ministerio la noche del viernes 27 de abril, y decidieron organizar un llamado a la ocupación que exigía la disolución del Comité Electoral Presidencial. Culpaban al comité por la anulación de la candidatura del líder salafí. Este comité ha sido también objetivo de la ira de los revolucionarios de todos los matices del espectro político.

La ocupación duró una semana, durante la cual fue objetivo de ataques con cuchillos, navajas y armas de fuego. Grupos de matones, cercanos al ejercito, y vestidos de paisano abrieron fuego contra la ocupación. Fue finalmente terminada por una fuerte operación conjunta de la policía militar con las fuerzas armadas especiales el pasado viernes 11 de mayo, resultando en la detención y tortura de cientos de personas.

Si hay quien piense que la islamofobia está aumentando de forma preocupante en Europa, debería haber visto la esfera egipcia del Twitter durante la semana de ocupación. Tanto liberales como izquierdistas reaccionaron de una forma realmente asquerosa. Son los mismos que, por defecto, se opondrán a cualquier islamista, a cualquiera que lleve barba o niqab, y que tenderán a evitarlos como a la plaga. Su posición ha pasado de la neutralidad, como si esta lucha entre islamistas y el ejército estuviese teniendo lugar en otro planeta, a rezar porque los dos bandos, por algún milagro, terminasen el uno con el otro. Algunos incluso han apoyado las operaciones del ejercito sobre los islamistas.

Y por supuesto, está el coro tradicional, que aparece siempre que hay choques con la policía y el ejército, gritando “No es momento para esto, tenemos otros asuntos más importantes”. Y normalmente esos “asuntos importantes” son elecciones, o alguno de los denominados hitos del proceso político patrocinado por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) que manda en Egipto.

Diferentes

Aún así, los islamistas no están unidos, no son un bloque homogéneo. Estamos hablando de millones de egipcios de diversos orígenes y provincias que forman parte de los Hermanos Musulmanes y de diversos grupos salafistas. Sería incluso un error incluir a todos los salafistas bajo una misma etiqueta. Recordemos que la juventud salafista participó en el levantamiento de enero de 2011, a diferencia de la mayoría de famosos jeques salafistas que tenían una posición pro-Mubarak.

Muchos de los trabajadores con los que me he ido cruzando durante las huelgas de 2007 en adelante tienen barbas que les llegan casi hasta el ombligo y son seguidores de los jeques salafistas. Los jeques han prohibido las huelgas y manifestaciones, a pesar de que sus seguidores, en situación de pobreza, obviamente estaban moviéndose en una dirección distinta.

El movimiento salafí se encuentra ya dividido. La pésima actuación del presidenciable Abu Ismail en la crisis, incluyendo el haber renegado repetidamente de sus propios seguidores, vuelve a crear unas bases desilusionadas.

¿No hay acaso una masa crítica que pudiera ganarse para el lado de la revolución? Por supuesto que la hay— y los socialistas revolucionarios han de jugar un rol en influenciar esta base tanto como puedan, según sus capacidades y peso político.

No hay mayor mentira que la idea de que los Hermanos Musulmanes (HM) es una organización de puño de hierro cuyos miembros siguen ciegamente las órdenes de sus líderes. La organización está conformada por distintas facciones y hay divisiones a lo largo de los años, por cuestiones generacionales y de clase.

A pesar de que la posición oficial era la de abstenerse de movilizarse durante el último año desde febrero de 2011, no ha habido un enfrentamiento serio con el Estado en el que que no hayan estado involucrados en las protestas miembros jóvenes de los HM, en contra de la línea del grupo. Personalmente fui testigo de ello en varias ocasiones.

Entonces nos cuestionamos: ¿Qué hacemos como socialistas revolucionarios frente a esta situación? No debemos dejar de poner en evidencia la hipocresía y las políticas contrarrevolucionarias de las cúpulas de los HM. Sin embargo, no debemos renunciar al intento de atraer a la juventud, incluidos aquellos militantes de los HM quienes están sinceramente a favor de la revolución, una vez más al campo revolucionario. Podemos incluso conquistar su apoyo a políticas socialistas—algo de lo que también estoy siendo testigo.

Debatiendo

Eso no va a ocurrir si nos quedamos sentados despotricando por el Twitter de los HM como buena parte de progresistas están haciendo, sino estando físicamente presentes en las calles en los eventos que ellos organizan, y debatiendo y argumentando continuamente. Y cuando surge una lucha con el estado, no nos retiramos y decimos “que dios los queme a ambos” — tenemos que posicionarnos.

La ocupación del MdD fue un paso adelante para la revolución, no un retroceso. Esto es así a pesar de la violenta arremetida del ejército que condujo a la detención de muchos compañeros que fueron brutalmente torturados.

Hemos llevado la lucha a un nuevo nivel, rompiendo un gran tabú, al entrar en una fase en la que las ocupaciones y las acciones directas tienen lugar en los propios centros y núcleos de la contrarrevolución.

Saludo la valentía de todos los compañeros que participaron en la ocupación y que resistieron las arremetidas del ejército. Todos los activistas Socialistas Revolucionarios y simpatizantes están ahora fuera de prisión, pero hay cientos de islamistas, activistas independientes y gente de a pie que todavía permanece bajo custodia, a la espera de apertura de un proceso por la vía militar. Tenemos que dar lo mejor de nosotros para darles nuestro apoyo y asegurar su puesta en libertad.

Seguiremos organizándonos contra la SCAF, y debemos poner más que no solo nuestro entusiasmo para llegar a conectar con los cuadros islamistas que están dispuestos a unirse a esta lucha. La polarización en el movimiento islamista no hará sino aumentar con cada traición y pondrá así en peligro la relación entre los gestores del liderazgo islamista con la SCAF.

Aumentará con cada confrontación con el estado, con el crecimiento de la izquierda revolucionaria, y con la escalada de la ola de huelgas. Pero en todo caso, debemos permanecer vigilantes para mantenernos organizativamente independientes, y moviéndonos bajos nuestros propios estandartes, con nuestra propia literatura— no haciendo compromisos. Algunas veces tenemos que estar con los islamistas, pero nunca con el estado.

* Hossam el-Hamalawy es miembro de la organización Socialistas Revolucionarios, periodista y bloguero de3arabawy.

Recopilado de la página Web del grupo español En lucha.

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