La clase obrera, en distinción a otros sectores sociales, tiene la capacidad de transformar revolucionariamente la forma en que la sociedad se encuentra organizada. Por virtud de su posición social posee un gran poder, pero sólo si logra coordinarlo y utilizarlo para lograr sus objetivos políticos. Los trabajadores, al producir toda la riqueza de la sociedad, pueden paralizar todo su funcionamiento con tan sólo dejar de trabajar. Marx habló de la autoemancipación de la clase trabajadora no sólo porque ésta tiene esta gran fuerza, pero porque también es sólo a través de las propias acciones de la clase trabajadora, de sus errores y aciertos, que ésta puede aprender a tomar las riendas de la sociedad por sí misma.
Precisamente, las luchas obreras de los últimos 150 años nos proporcionan una rica experiencia de cómo lograr esta meta. De primordial valor fue la gesta de los trabajadores rusos cuando a partir de la revolución bolchevique de 1917 lograron establecer el único estado obrero en la historia de la humanidad. La gran crisis económica causada por la primera guerra mundial, y lo cruento de ésta, generaron una inmensa crisis social en que la iniciativa del partido de trabajadores socialistas revolucionarios, el partido bolchevique, fue indispensable para la organización y ejecución de la revolución.
Héctor Reyes explica las lecciones que podemos sacar de la Revolución Rusa del 1917.


