
El promedio de arrestados durante las dos semanas previas al 2 de octubre era de unas 1,000 personas por día
Sangre en Tlatelolco
Segunda parte de una serie de 3 artículos *
Cuando las mujeres de Tlatelolco hirvieron agua…
pero no para cocinar
A medida que las batallas entre los estudiantes y las fuerzas de seguridad cobraban furia–y el apoyo era más arriesgado–más sectores del pueblo tomaron partido con los estudiantes. Eso ocurrió muy especialmente en la unidad habitacional Tlatelolco, un enorme conjunto de torres de edificios para familias de la clase media, donde también viven muchas familias de la clase trabajadora y familias pobres. Un análisis de prensa calculó que 12.000 habitantes de Tlatelolco entraron al movimiento del lado de los estudiantes.
El 21 de septiembre mil policías atacaron la Vocacional 7, que queda en Tlatelolco, y tropezaron con la encarnizada resistencia de los estudiantes. La policía prendió incendios en dos edificios, balaceó la escuela e inundó de gas lacrimógeno los apartamentos vecinos.
Esa noche, muchas amas de casa de Tlatelolco la pasaron hirviendo agua para aventársela desde las ventanas a los soldados o buscando trapos, botellas y combustible para hacer cocteles molotov para los estudiantes. Los niños les echaban piedras desde los tejados a los uniformados de abajo. Cientos de estudiantes de escuelas vocacionales de las colonias pobres cercanas rompieron el cerco policial quemando los carros de la policía. La prensa informó que muchachos “pandilleros” de Tepito también se unieron al combate. Llegaron refuerzos del ejército, pero así y todo las fuerzas de seguridad se tuvieron que retirar muchas veces. Por fin, a las 2 de la madrugada, abandonaron la lucha.
